Toros

El Pilar repite éxito

  • José María Manzanares, en una actuación pletórica de torería, se aleja de la Puerta del Príncipe por el fallo con la espada · Sebastián Castella corta una oreja al quinto toro y Manuel Jesús 'El Cid', sin rumbo

GANADERÍA: Cuatro toros de El Pilar y dos, primero y tercero, de Moisés Fraile, misma casa ganadera. Corrida de desiguales hechuras y de buen juego, a excepción del que abrió plaza, que fue pitado. Cuarto, quinto y sexto fueron ovacionados. TOREROS: Manuel Jesús 'El Cid', de verde y oro. estocada que asoma (silencio). En el cuarto, metisaca en los bajos y casi entera (protestas). Sebastián Castella, de azul y oro. Casi entera algo caída y un descabello (silencio). En el quinto, estocada (oreja). José María Manzanares, de azul y oro. Dos pinchazos y estocada (saludos tras aviso). En el sexto, pinchazo y estocada (oreja con petición de la segunda). Incidencias: Real Maestranza de Sevilla. Domingo 19 de abril. Decimoprimer festejo del abono. Lleno. Tras parear, se desmonteraron Curro Javier, Juan José Trujillo y Curro Molina.

La corrida de El Pilar, ganadería triunfadora el año pasado, volvió a repetir éxito en esta edición. En los tiempos que vivimos es muy difícil que hasta cinco toros, cinco, ofrezcan bravura y nobleza, en distintos grados, suficientes para que los toreros triunfen. Los toros que saltaron en la segunda parte de la corrida fueron de nota. Un cuarto, bravo y exigente; el quinto, también bravo y con calidad; y el sexto, con clase. Pero es que el segundo fue un animal noblón, aunque se rajó pronto; y el tercero también derrochó nobleza, aunque se apagó pronto. Un cocido ganadero soberbio, en el que únicamente, como garbanzo negro, saltó un primero manso.

Con este menú, los comensales Manuel Jesús El Cid, Sebastián Castella y José María Manzanares dieron cuenta de muy distinta forma. El Cid, que anda sin sitio, se marchó de vacío. Y Castella y Manzanares -con más mérito el alicantino- cortaron sendas orejas.

El Cid lo pasó francamente mal con el mansísimo que abrió plaza. Con el cuarto anduvo sin confianza, con precipitación y se hinchó a dar pases por ambos pitones, en una labor que no caló en los tendidos. Entre las protestas, un espectador le increpó: "¡Se ha ido sin torear, Manuel!". Y tras liquidar al toro de un metisaca en los sótanos y una casi entera, el respetable ovacionó al bravo toro.

Castella, ante el noblón segundo, que tuvo el motor justo, alternó enganchones con muletazos buenos. El toro se rajó pronto. Con el quinto, buen toro que fue a más, realizó una faena que fue a menos. Tras lucirse con el capote, en cuatro bellas verónicas, rematadas con una estupenda media, comenzó con la muleta de manera explosiva, desde la distancia larga, con un par de pases por la espalda. Hilvanó dos buenas tandas con la diestra, una de ellas con muletazos suaves. Otra, con mucho temple, con un cambio de mano por delante y un gran pase de pecho. Con la izquierda también brilló en algunos naturales. Pero la faena cayó en picado tras obstinarse en dos circulares invertidos, en los que el toro le tropezó el engaño, con el público protestando. Se tiró de verdad en la suerte suprema para una buena estocada y una oreja, en la que no hubo mayoría abrumadora de pañuelos.

José María Manzanares consiguió los mejores pasajes de la corrida. Su actuación rezumó en todo momento torería. Acarició la Puerta del Príncipe, que se alejó por el fallo con la espada. Con el noblote y tardo tercero, un animal distraído que se rajó pronto, el alicantino evidenció su clase a cuentagotas. Su obra, tuvo como mayor expresión estética una tanda con la diestra, que cerró con una impresionante trincherilla. Tras ello, el toro fue a menos. Dibujó dos deslumbrantes cambios de mano que dejaron con la boca abierta al personal. No acertó con la espada.

La mejor versión de Manzanares y lo más impactante de la tarde por parte de los diestros llegó en el sexto, un ejemplar muy noble y que aguantó mucho. Manzanares imprimió su sello de torero artista en los lances de recibo, con unas hondas verónicas y delantales preciosos. Con la muleta, derrochó sentimiento, arrebatando al público en distintas fases de la faena, en la que toreó muy asentado, encajado los riñones, girando la cintura, tirando siempre del toro con suma suavidad y de manera exquisita. Series preciosas por su alta dosis de estética. Una faena que fue a más y se cerró con un pasaje de ensueño con la diestra de ensueño, con un molinete, un cambio de mano, un ayudado a media altura, una trincherilla y un pase de pecho, poniendo al público de pie. Pinchó antes de una buena estocada y el premio quedó en una oreja. Pero en el ruedo de la Maestranza quedó plasmada una bellísima obra de arte.

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