Las Ventas | Décima corrida de la Feria de San Isidro Mal ganado y viento condenan el festejo

  • Áspero encierro de Jandilla, muy lejos del que propició el éxito histórico de Aguado en Sevilla

  • Sebastián Castella, Emilio de Justo y Ángel Téllez, en una digna confirmación, se marchan de vacío

Sebastián Castella, en un ayudado -por el viento- con la izquierda en su segundo toro. Sebastián Castella, en un ayudado -por el viento- con la izquierda en su segundo toro.

Sebastián Castella, en un ayudado -por el viento- con la izquierda en su segundo toro. / Efe

Una vez más y van unas cuantas el viento afectó a la lidia en una tarde en la que la plaza de Las Ventas casi se llenó con Sebastián Castella, Emilio de Justo y Ángel Téllez quienes lidiaron cinco toros de Jandilla y uno, el quinto, de Vegahermosa, misma casa ganadera. Un encierro, bien presentado y áspero, que decepcionó. Nada que ver con las corridas de Jandilla lidiadas en Valencia y recientemente en Sevilla, en la tarde histórica en la que Pablo Aguado salió a hombros.

Ángel Téllez, quien tomó una alternativa de lujo el pasado abril en Guadalajara de manos de Morante, cortando tres orejas, confirmaba en Las Ventas sin apenas rodaje. Resultó una confirmación digna con Castella de padrino y Emilio de Justo como testigo. Lo hizo con un toro de mal juego, Gallego, negro, de 537 kilos, sin entrega, que sangró mucho en varas, esperó en banderillas y llegó aplomadísimo a la muleta. Se le cayó la vaina del pitón izquierdo. Téllez, tras la cesión de trastos por Castella, se desenvolvió con quietud y aplomo tras un comienzo de trasteo por bajo. Poco, muy poco podía sacar de lo que fue un pozo sin agua.

Con el sexto, un colorao bien armado y con remate, Téllez volvió a demostrar sus buenas condiciones. Se marcó unas saltilleras arriesgadísimas cambiando el viaje. Con entrega en la muleta, se enfrentó a un astado paradote y sin clase.

Sebastián Castella anduvo voluntarioso y porfión ante su lote. Con el segundo toro, de buenas hechuras, realizó una faena muy extensa y a menos, que técnicamente comenzó de manera impecable, por bajo y suavidad. Con la diestra logró dos series notables, con ligazón y alargando los muletazos. Con la izquierda, por el peor pitón, llegaron enganchones. La labor se vino abajo y escuchó un aviso antes de finiquitar al astado de estocada.ç

Con el cuarto, ofensivo, alto, largo, Castella, que pasó apuros en el cierre de unas chicuelinas, realizó una faena desigual en la que el viento molestó mucho. Apostó fuerte, en los medios. Como un poste en el platillo citó al toro que partió como un rayo desde tablas. El torero esperó hasta el último momento para sacar la muleta por la espalda. El público ovacionó con fuerza la arriesgadísima suerte. Luego, desarme. Lo mejor lo consiguió por el pitón derecho, el más potable, con pases alargando el viaje de un astado con cierto genio y en ayudados con la izquierda para evitar que Eolo malograse las suertes.

Emilio de Justo tampoco pudo lograr el triunfo ante un lote complicado. El cacereño tapó bastantes defectos al bien hecho y astifino tercero, con una tremenda daga derecha. Comprometido, con buena colocación, arriesgó más de lo que llegó al tendido. Trasteo con oficio con un toro incierto, que en la finalización de algunos muletazos lanzó tornillazos;amén de una colada por el derecho que rozó la cornada.

El quinto, un cinqueño cornidelantero que salió andarín, echando las manos por delante, resultó complicado. Emilio de Justo se entregó en una labor sin frutos, matando en este caso de una certera estocada.

Tanto el viento como principalmente el mal ganado fueron decisivos en un festejo que no pasará a la historia y en el que, además, también pesó en el espectador el referente del día anterior: nada menos que la histórica actuación de Andrés Roca Rey.

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