Toros

Fracaso estrepitoso de Victorino

  • La corrida resultó, en conjunto, descastada y mal presentada · Antonio Ferrera cosechó palmas en su lote en banderillas · César Jiménez se lució en algunos pasajes con la muleta · El Cid, desconfiado

GANADERÍA: Corrida de Victorino Martín, de desiguales hechuras, con dos toros sin trapío para la plaza de Sevilla, como fueron cuarto y quinto bis, protestados durante sus respectivas lidias. Descastados, tampoco fueron buenos en su juego. TOREROS: Antonio Ferrera, de blanco y oro. Pinchazo, pinchazo hondo y tres descabellos (silencio). En el cuarto, pinchazo hondo (algunas palmas). Manuel Jesús 'El Cid', de azul y oro. Media (algunos pitos). En el quinto, cuatro pinchazos y un descabello (silencio). César Jiménez, de verde y oro. Casi entera muy tendida (palmas tras aviso). En el sexto, dos pinchazos, estocada casi entera y tres descabellos (silencio). Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Jueves 15 de abril de 2010. Lleno. Se guardó un minuto de silencio por Lorenzo Saugar. Cielo cubierto, con lluvia intermitente durante el festejo, una ligera granizada durante la lidia del tercero y algunas ráfagas de viento. En banderillas, saludó Javier Ambel en el tercer toro.

La victorinada resultó plúmbea, como el color del cielo que cubría ayer la Maestranza y como la pinta de los seis toros cárdenos titulares del ganadero de Galapagar. Lidió también un sobrero de pinta negra como quinto bis, cuando el espectáculo se hundía en la oscuridad. Una corrida muy desigual en hechuras y cornamentas, con muchas deficiencias en su presentación y en conjunto muy descastada.

Una corrida que sitúa en la sima a una de las ganaderías más prestigiosas de las últimas décadas y que no levanta cabeza. Precisamente, aquí, en el ruedo de la Real Maestranza, comenzó en la pasada Feria de Abril su declive. De nuevo, no se entiende que ganadero, toreros y sus veedores y representantes, empresa y autoridad, permitan tal desaguisado. Estamos en Sevilla y a comienzos de temporada y aquello parecía una limpieza de corrales por lo dispareja que era la corrida.

El público acabó desilusionado e increpando en el quinto toro, algo inusual en una plaza que se distingue por su gran respeto. Pero es que lo seleccionado puso al borde de un ataque de nervios a buena parte de los aficionados.

Antonio Ferrera logró los pasajes más ovacionados con las banderillas; César Jiménez llegó a cosechar palmas en el tercero, el mejor del mal encierro; y Manuel Jesús El Cid no llegó a confiarse.

El pacense Antonio Ferrera brindó un buen espectáculo al parear al cuarto. Las palmas echaron humo en tres pares, brillando especialmente en el cuarto, que prendió muy en corto, al quiebro. En el primero, abusando de una parsimonia muy lenta en la escenografía, fue cogido sin consecuencias en un tercer par por los adentros, en los que de antemano se sabía que era prácticamente imposible salir por piernas del mismo. Con la muleta, se justificó ante el cuarto, que reponía y en el que abrió plaza, que humillaba, pero sin continuidad, se mostró porfión.

César Jiménez tuvo en suerte el mejor toro del encierro. El madrileño tardó mucho en comprometerse. En los primeros compases de la faena citó con la muleta retrasada. Cuando se la puso y tiró del animal, logró una tanda de buenos derechazos. Sonó la música y el público se metió por momentos en la corrida. Con la izquierda esbozó algún natural de buen trazo. Pero aquello duró poco. El torero, no consiguió redondear. Con el mansísimo sexto, no tuvo opción al lucimiento.

El Cid pasó sin pena ni gloria. Al segundo, un astado con problemas, lo finiquitó de inmediato entre las protestas del público. Con el sobrero quinto, un manso que buscaba, anduvo desconfiado. Durante su labor hubo palmas de tango y gritos de "¡Es una cabra!" y "¡Miau!", por la falta de trapío del astado.

En una crónica así no cabe más literatura que una prosa recia: corrida tediosa al máximo y un fracaso estrepitoso de Victorino Martín.

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