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Un enero con alma de mayo

  • Emery, ante el reto de compaginar la golosa Copa con la exigencia de no perder el paso en la Liga. En 2013, con ambos frentes abiertos, sumó 10 de 12 puntos. El año pasado, fuera del torneo del KO, hizo sólo 3... de 18.

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El Sevilla ha disfrutado de un paréntesis navideño más amplio que ningún otro equipo de Primera. Desde que empató con el Eibar en Nervión el pasado domingo 14, hasta que reciba al Celta, también en la Liga, el próximo día 3 (18:00) serán casi tres semanas sin competir. Veinte días que deben ser más que suficientes -incluso demasiados, por aquello de perder el ritmo de competición- para recobrar fuerzas ante lo que se avecina: un mes de enero que, para el equipo de Unai Emery, tiene alma de mayo, tal es la trascendencia de lo que se jugará.

En las cuatro semanas del primer mes de 2014, como viene siendo habitual en las últimas temporadas en el fútbol español, se alternarán las jornadas de Liga los fines de semana con las eliminatorias de Copa del Rey, que se repartirán los martes, miércoles y jueves. Y como la configuración del cuadro despejó del camino para el Sevilla hasta la hipotética final a Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid, las expectativas se han multiplicado en el seno del club de Nervión.

En las últimas temporadas, cuando la Federación Española, como organizadora del torneo, ha concentrado en la vuelta de las vacaciones navideñas el grueso de eliminatorias coperas, el Sevilla ha sido de los equipos más afectados por esa saturación, pues ha sido uno de los habituales en las últimas eliminatorias: desde 2004, dos finales ganadas, cuatro semifinales y unos cuartos de final. Y en la mayoría de esas temporadas, su feliz caminar por la Copa ha tenido un negativo reflejo en su trayectoria liguera.

Tomando como primera referencia la Copa del curso 06-07, en la que el Sevilla llegó a aquella final que ganó al Getafe (1-0), los datos ya son reveladores: después de una dura vuelta de octavos, en la que el Rayo de Mel llegó a ponerse por delante en la eliminatoria (1-1 provisional en Sevilla tras el 0-0 de Vallecas), el equipo de Juande, que pugnaba en lo más alto de la tabla, sufrió su primera derrota casera en Liga ante el Mallorca (1-2). Y después de un durísimo Sevilla-Betis, ida de los cuartos (0-0), volvió a tropezar en casa con la Real Sociedad (0-0). Esos cinco puntos que volaron de casa tras sendos esfuerzos coperos resultaron a la postre fatídicos en su lucha por aquella Liga.

En 2008, la aventura copera del Sevilla duró poco. En octavos de final se las vio con el Barcelona, que pasó no sin apuros: 1-1 en el Sánchez-Pizjuán y 0-0 la semana siguiente en el Camp Nou. Esa golosa y exigente eliminatoria también tuvo su factura en Liga: perdió el equipo de Jiménez los dos partidos posteriores a sus enfrentamientos con los azulgrana, ante Athletic (2-0) y Getafe (3-2).

En la temporada siguiente, el bloque de Jiménez acabó tercero con 70 puntos, pero no fue en enero donde cimentó ese éxito: tres derrotas y dos victorias en los cinco partidos posteriores a cruces coperos. Fue la campaña de la semifinal ante el Athletic, resuelta para los leones con aquel rotundo 3-0 en la vuelta.

En la temporada 2009-10, otro buen Sevilla, aunque ya en línea descendente, también jugó todo lo que se podía jugar en enero. Cruzó eliminatorias hasta plantarse en la final de Barcelona, que ganó al Atlético de Madrid (2-0). Entre enero y principios de febrero disputó seis partidos de Copa del Rey. Y de las jornadas de Liga posteriores a ellos, ganó tres y perdió otros tres. Mediocre balance, pues.

De la mano de Gregorio Manzano, en enero de 2011, también cuajó una notable participación copera. Llegó hasta las semifinales, donde lo apeó el Real Madrid de Mourinho. A la vuelta de Navidad, cinco partidos de ese torneo jugó seguidos. Su rendimiento paralelo en Liga, sin ser tan malo como en las temporadas precedentes, tampoco fue digno de un aspirante a la Liga de Campeones, como pretendía: dos victorias, dos empates y una derrota.

En 2012, el Sevilla de Míchel afrontó unos igualados octavos ante el Valencia, que finalmente se clasificó. Tras esos dos partidos tan cerrados, los sevillistas perdieron ante el Rayo en Vallecas (2-1) y empataron en casa con el Espanyol (0-0). Otro balance negativo.

Las dos últimas ocasiones en que el Sevilla ha tenido que compaginar Liga y Copa, ya con Unai Emery en el banquillo, arrojan una gran paradoja cuando se cotejan: le fue mucho mejor cuando tuvo que compaginar dos torneos que cuando se vio obligado a centrarse en la Liga.

Hace dos años, Míchel se sentó en la vuelta de octavos con el Mallorca (1-2), pero el siguiente partido, la derrota en Mestalla en el cierre de la primera vuelta (2-0), fue su despedida. Unai se estrenó en la ida de cuartos en Zaragoza (0-0). Y en los cuatro partidos de Liga que siguieron a los cuartos y las semifinales -perdidas ante el Atlético-, sumó nada menos que 10 de 12 puntos. Empató en Getafe (1-1) y ganó al Granada (3-0), al Rayo Vallecano (2-1) y al Celta (4-1).

Sin embargo, el año pasado, el Sevilla remató un mes de enero pésimo a pesar de que la humillante eliminación ante el Racing de Santander, en diciembre, le ofreciera el consuelo de concentrar los esfuerzos en el torneo de la regularidad, que además le deparó un tramo durísimo del calendario. En las jornadas posteriores a los octavos, cuartos y semifinales, los sevillistas empataron tres partidos ante Elche (1-1), Atlético (1-1), y Valencia (0-0) y perdieron otros con Levante (2-3), Málaga (3-2) y Barcelona (1-4). Hubiera sido difícil arrojar peores números si hubieran tenido que alternar esos complicados encuentros de Liga con la Copa.

Vistos los dos meses de enero con Emery ya en el banquillo sevillista, se podría afirmar que a su equipo le vino mejor el esfuerzo sostenido, jugar cada tres o cuatro días, ir rotando al personal y mantener una tensión plena con un acertado reparto de esfuerzos (2013) que preparar un partido a la semana en un tramo complicado de la Liga.

Mirando al frente, el tablero de juego que Emery tiene ante sí, con ese cruce ante el Granada en el que son favoritos, recuerda más al de hace un par de temporadas: posibilidad de jugar al menos los cuatro partidos coperos de enero y conjugarlos con un trayecto de Liga de dificultad media.

Es seguro que tendrá que jugar la eliminatoria de octavos de final ante el conjunto granadino en las dos primeras semanas del mes. La ida en Los Cármenes se fía para el jueves 8 (20:00), entre la visita del Celta y el desplazamiento a Almería (domingo 11, a las 12:00). Después, el equipo nazarí jugará la vuelta de octavos en Nervión el miércoles 14 (22:00), poco antes de que asome la pata por Sevilla el siempre combativo Málaga, que se tomará el choque como su derbi particular y encima se ha metido en la zona alta por méritos propios de la mano de Javi Gracia.

La cuesta de enero se le empinará al Sevilla definitivamente si elimina a los granadinos: tras el duro partido que se vislumbra ante el Málaga, tocaría viajar a Mestalla o Cornellá, ya que los sevillistas se cruzarían en cuartos de final con el vencedor de la eliminatoria Valencia-Espanyol.

Si es el equipo levantino quien sale airoso de su duelo con los periquitos, se anuncian aún más curvas para los sevillistas, que afrontarían una apasionante serie de tres partidos seguidos con el equipo que más ganas tiene de ajustar cuentas con los de Nervión después de aquel cabezazo de Mbia. Primero, la ida de cuartos en Valencia; unos días más tarde, los mismos protagonistas y el mismo escenario para el primer partido de la segunda vuelta de la Liga, que puede resultar a la postre muy importante para esa cuarta plaza de la tabla y el pase a la Champions; y para rematar, la vuelta de los cuartos de final en el Ramón Sánchez-Pizjuán.

Que dos equipos jueguen tres partidos en una semana por aquello, cada vez más habitual, de que coincidan su cruce de Copa con el de Liga, suele deparar partidos de alto voltaje, ya que los golpes, roces y piques están frescos y alimentan las brusquedades para las siguientes citas. Por si a un duelo entre sevillistas y valencianistas les hacía falta, vista la acendrada rivalidad actual...

Si en lugar de los levantinos el rival para el Sevilla es el Espanyol, también jugará ante los periquitos tres veces seguidas, ya que justo tras la vuelta de cuartos de final en Nervión, el equipo barcelonés visita ese mismo estadio en la jornada vigesimoprimera de Liga, el sábado 31 de enero o el domingo 1 de febrero.

La alternancia entre Liga y Copa se cortará ahí, aunque las semifinales llegarían pronto, sólo dos semanas después de conocer los cuatro afortunados: la ida se fija para el 11 de febrero y la vuelta, para el 4 de marzo. El Sevilla se las vería con Málaga, Levante, Celta o Athletic. Pero eso queda aún lejos. Primero, los sevillistas deben afrontar ese mes de enero con alma de mayo, tal es lo que tienen en juego con esa Copa, tan golosa ella.

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