Semana Santa

Una sonrisa, por favor

  • Es el ecuador de la Semana Mayor de esta ciudad que es también la más importante

Cepíllate bien tus ondulados cabellos a la luz de los esteros. Vuelve a ponerte guapa cada día, sin mucho esfuerzo, pero con la contundencia de tu belleza incontestable, porque la luz de estos días está siendo única. Que diga alguien por muy lejano, que sea a nuestras cosas, que no le despierta una sonrisa en el rostro la cantidad de sensaciones, sabores y olores que se reciben de uno y otro lado por las calles de nuestra Huelva. Que digan los que gustan de nuestra Semana Santa que su sentido y su presencia no es importante para nuestra ciudad desde cualquier punto de vista de existir que nos supone. Que digan los cofrades que no es para sonreír, y mucho, la abrumadora sensibilidad para nuestros sentidos con la que con esta luz y en estos días vuelve a descubrirse todo como si nuevo fuera después de años y siglos de vigencia de su también incontestable medida de la fe. Por cierto, si alguien tiene un medidor de la fe, que lo saque en estos días para decir al mundo que esta tierra no sigue siendo lugar de devoción de Dios y veneración de su bendita Madre, o si lo sigue siendo cada vez más y mejor.

Hoy, que ya es Miércoles Santo, ecuador de la Semana que, siendo la Mayor de esta ciudad, es también la más importante, despiértate abrazando tu sonrisa. Hoy es un día que se ha renovado y reforzado, bien, en los últimos tiempos con una diversidad que atienden a Cristo como la más definitiva referencia, desde enclaves de la ciudad diferentes que se suman y de qué manera a la importancia de todo esto. Prendimiento y Santa Cruz han ocupado plenamente su preciso lugar en el ecuador de esta preparación a la Resurrección del Padre. Pero ineludiblemente, Huelva sonríe de forma especial a la Madre de Dios en las tantas veces ensalzadas como devociones más fervorosas e incontenidas de esta preciosa ciudad que se ha puesto guapa, que ha dibujado la mejor de sus sonrisas para encontrarse de nuevo con María.

Esperanza y Victoria son dos bellezas para la cara de la Virgen, diferentes entre sí, que atienden a todas las cuestiones y diversidad de gustos y sensaciones que cada cual guarda para él.

El que escribe no sabe, ni puede, ni quiere evitar sentirse orgulloso de que la Madre de Dios de la Victoria inunde de preciosa devoción las calles de Huelva, porque en ella también se guarda el cariño, el amor y la fe nuestra y especial de muchos hermanos míos, onubenses de pro, a los que quiero, respeto y admiro.

El que escribe tampoco entiende la vida sin que se abra su sonrisa al pronunciar el nombre de Esperanza, con la que siempre estaré, no me importa desde donde, ni tampoco desde cuando, sólo sé que será para siempre. Ella es el candil de las oscuridades, la primavera palpitando en el mes de Enero, el balanceo dulce del árbol en flor al soplo de mis ilusiones, la bandera del amor a la Virgen, la primera mirada de cada día, y la primera sonrisa.

Desde el Polvorín al Molino o a la Merced, desde el Carmen a San Francisco, desde todos los rincones de nuestra ciudad, sonríe, siéntete una y diferente en estos días y demuéstrame por favor que me vuelve a gustar igual que siempre pero más que nunca la mirada de tu luz y el perfume de tus calles.

El que escribe quiere decirle a Huelva que se ponga guapa porque esto que pasa en estos días, ver a tantos onubenses disfrutar con todas las diferentes cosas que mi ciudad ofrece, es para que seamos todos felices, sin más y sin menos. Una sonrisa, por favor.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios