Semana Santa

El pregón de un sacerdote cofrade

  • Andrés Carmona es un joven párroco que ejerce su ministerio en El Cerro de Andévalo

  • Su experiencia personal la vuelca en una emotiva disertación en la Hermandad del Santo Entierro

José Manuel Domínguez López, presentador; Javier Mesa, hermano mayor, y el sacerdote Andrés Carmona Calero, pregonero del Santo Entierro. José Manuel Domínguez López, presentador; Javier Mesa, hermano mayor, y el sacerdote Andrés Carmona Calero, pregonero del Santo Entierro.

José Manuel Domínguez López, presentador; Javier Mesa, hermano mayor, y el sacerdote Andrés Carmona Calero, pregonero del Santo Entierro. / M. G.

El sacerdote Andrés Carmona Calero hizo ayer un alto en sus misas de la mañana del domingo para pronunciar el pregón de la Hermandad del Santo Entierro. Era su primera intervención en un acto así y le ha gustado la experiencia, porque entiende que es una forma de acercarse al mundo de las cofradías, que para él nada le es nuevo, y también para que la presencia del sacerdote lleve a las hermandades la realidad de una cofradía que no es otra cosa que anunciar el mensaje de Dios.

Una jornada intensa pues si la mañana estuvo dedicada al pregón, la tarde tuvo que completarla con la asistencia a los pueblos de los que es párroco y así está en El Cerro de Andévalo, Valdelamusa, Minas de San Telmo y Cueva de la Mora.

“Todo empezó porque había que ponerle la cera a la Virgen de los Dolores”

Su relación con la Hermandad del Santo Entierro surge a raíz de desarrollar su diaconado en la parroquia mayor de San Pedro y “la Hermandad del Santo Entierro la verdad que se ha metido en mi vida, porque han estado en momentos muy importantes y especiales, casi familiares” Así que “no hay un culto donde no tenga un hueco para predicar”, por lo que dice que cuando le ofrecieron la oportunidad de pronunciar el pregón de la hermandad, “que para los hermanos del Santo Entierro tiene una significación muy especial, pues fue para mí un gran orgullo el aceptarlo”, señala Andrés Carmona.

Es natural de Escacena del Campo y hermano de las ocho hermandades de la localidad, de las de Semana Santa y de la Virgen de Luna, que como él mismo dice: “la Madre de Dios”. Pero también lo es de San Isidro Labrador y de la Pro Asociación del Corazón de Jesús del Colegio Diocesano y de la Vera Cruz de Sevilla. Asegura que a él le lleva al sacerdocio el hecho de que “había que ponerle la cera a la Virgen de los Dolores y a partir de ahí otros momentos que hacen que me acerque aún más”.

Su pregón ha tenido varios momentos intensos, como el principio en el que se refirió a los tres titulares, las Angustias, Cristo Yacente y la Soledad, con reflexiones de la Cuaresma tan especial de este año y la Semana Santa, con deteniéndose en el Viernes Santo, evocando la entrada de la Soledad de María, acompañando a su palabra un quinteto de metal y una pianista.

Asegura que “ha sido una experiencia muy bonita, merece la pena desde el punto de vista pastoral es una oportunidad, no todo es malo, pero sí hay que decir que el mundo de las cofradías sin Dios no es nada”.

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