Apuntes de cabildo

Las colas de la devoción

  • Desde las visitas históricas al Señor Cautivo de San Pedro hasta los años setenta del siglo pasado, no se veían hileras tan largas a las puertas de las iglesias

Las largas colas en la parroquia de San Pedro comenzaban a la altura del paseo de Santa Fe.

Las largas colas en la parroquia de San Pedro comenzaban a la altura del paseo de Santa Fe. / E. J. Sugrañes

No recordaba yo unas colas ante la puerta de una iglesia desde aquellas de la memoria del niño que aun guardamos dentro cuando iba con mi madre al besapiés del Señor Cautivo de la parroquia de San Pedro. Entonces supe que en el Corazón de Jesús también se producían largas colas para besar los pies del Señor de la Humildad. Más tarde vino toda esa larga lista de besapiés que hoy tenemos en el primer viernes de marzo que la devoción sencilla dedicó siempre al Señor Cautivo. Pues bien, desde entonces, y ya han pasado más de cuatro décadas, no se han visto unas colas así a las puertas de una iglesia para ningún otro acto religioso.

Cierto que las restricciones de la Covid así lo ha impuesto, pero lo que no es menos cierto es que ha habido esperas de hasta 40 minutos, lo que dice mucho de la paciencia de los cofrades y devotos que se acercaron hasta las iglesias.

Es algo que ha sorprendido a todos, incluso al que más confianza tuviera en el éxito de esta propuesta. Tanto que en el primer día las iglesias se vieron desbordadas y detonó una falta de previsión organizativa de las dimensión que pudieran alcanzar las colas. Luego todo se arregló y se pudo disfrutar de estas visitas con total normalidad y garantías en este tiempo de pandemia.

Esta experiencia nos vuelve a destacar la importancia de las cofradías, el empuje que tienen, que es un caudal de fe que se traduce en un río para canalizar todo lo que socialmente tienen de bueno las cofradías y que demuestran que tienen un sitio en la Iglesia desde la responsabilidad.

La verdad es que esto es lo mejor que nos podemos llevar de esta Semana Santa tan atípica, pero cargada de sentimientos, expresados en tantas formas como en los cientos de ramos de flores a los pies de las imágenes o la participación en los oficios.

Una ocasión única y muy especial para que tanto hermandades como parroquias supieran que la casa de Dios es templo común de todos y que en esta ocasión estuvo abierta toda la Semana Santa para los onubenses que han visto de una forma tan especial las imágenes de sus devociones.

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