Semana Santa

Diez años coronada de Esperanza

  • El obispo de Huelva, Ignacio Noguer, coronó a la primera Dolorosa de la diócesis, Nuestra Señora de la Esperanza. Era hermano mayor en San Francisco Bienvenido González Roldán.

"¡Esta es nuestra Esperanza, la Esperanza de Huelva, la Esperanza coronada!". Me ha gustado volver a leer esta palabras mías pronunciadas hace ahora diez años en un Domingo de Pasión, antesala de la Semana Santa y pórtico también de lo que en el mes de junio de aquel año de 2000 vendría a coronar de alegría a toda una ciudad, porque aquello fue algo más de un acto de la Hermandad de San Francisco.

Me gusta por lo que supone de recuerdo, pero especialmente por la vida transcurrida en este tiempo, no siempre como uno hubiese deseado, pero es el paso de nuestras vidas al fin y al cabo. Ahora ese tiempo se vuelve de nuevo cercano y se renuevan esperanzas porque tan difícil fue entonces muchas cosas como ahora puede resultar otras.

Aquel 3 de junio de 2000 este año es más cercano si cabe. En el recuerdo de todos aparece ese día como una jornada deseada por todos, por un acontecimiento en el que la ciudad se había fundido con la Hermandad de San Francisco. Todo resultó verdaderamente espléndido y grandioso cuando la Virgen de la Esperanza aparecía en la plaza de las Monjas para presidir el corazón de los onubenses . Un gran altar sobre la fuente. Allí presidiendo el acto el obispo de Huelva, Ignacio Noguer Carmona; por la ciudad acudía su alcalde, Pedro Rodríguez González. Bienvenido González Roldán, hermano mayor; Enrique Bendala Azcárate, prioste; Guillermo Ortega Madrigal, capataz del palio y tantos y tantos hermanos de San Francisco hicieron que esta jornada no sólo se sintiera en el latir de la tarde de este primer sábado de aquel mes de junio, sino que remontase el vuelo como las muchas golondrinas que anidan por Gran Vía para hacer de este uno de los momentos más grandiosos para la Semana Santa de Huelva, era la primera Virgen dolorosa que se coronaba en la Diócesis onubense. La Esperanza, la Virgen marinera de la calle Enmedio se veía presidiendo desde la plaza de las Monjas el ayer en su mirada hacia El Punto con una Huelva nueva, que recuerda a los vecinos del Brasil Grande cada Miércoles Santo, y la nueva ciudad que se hace sentimiento junto a su paso de palio.

Mirando a la Esperanza en la quietud de su paso de palio había una inquietud latente, porque en lo extraño de verlo en la calle sin movimiento estaba lo sublime del momento, porque su palio seguía siendo movimiento, porque es vida que irradia la Señora y emulando ese movimiento sólo las velas de su candelería y el latido del corazón de una Huelva que gritó viva la Esperanza Coronada, por que eso era como dijo el obispo Ignacio Noguer: "el gesto expresivo de nuestra devoción a María".

El obispo de Huelva Ignacio Noguer subió hasta el paso de la Esperanza y allí le impuso la corona, que había realizado el joyero cordobés Antonio Cuadrado. Le acompañaban en ese momento el prioste Enrique Bendala Azcárate y el canónigo y maestro de ceremonia Juan de la Rosa.

Todos vivimos entonces una jornada exultante de gozo. De aires marineros de esteros onubenses, de deseos compartidos con la Hermandad de San Francisco. Y cuando la luz débil de la noche iba desapareciendo en la plaza de las Monja a Huelva le seguía quedando para siempre la luz de la Esperanza Coronada. Luego todo fue un recorrido esplendoroso y triunfal de la Esperanza por las calles de la ciudad, con una calle Miguel Redondo con arcos y altar, con fuegos artificiales a su llegada la avenida de Italia. Con alegría hasta retornar a su casa.

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