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Semana Santa/opinión

¡No hay más remedio!

Balcones adornados. Balcones adornados.

Balcones adornados. / Josué Correa (Huelva)

No sé si comparten conmigo la sensación de que, poco a poco, la gran mayoría de cofrades hemos ido entrando en caja con la idea de que este año no habría hermandades en la calle. Pasamos de la incredulidad, a la preocupación, y, finalmente, a la aceptación.

Por supuesto que no se acaba el mundo. Es cierto que nuestro colectivo no ha caído en el numerito de las llantinas y, con más madurez de lo que se esperaba, ha asumido la situación. Nadie en su sano juicio pensaría en lo contrario, con todo lo que ello supone. Ahora bien, quizá se nos haya ido un poco la mano al manifestar, como se oye con regularidad, que no pasa absolutamente nada.

Esta manifestación, fruto del postureo (ya hablaremos en otra ocasión de esto) que tanto vemos entre nosotros, me parece exagerada. Quiero decir: pareciese que la próxima semana nos vamos a levantar de la cama como si fuese cualquier día del año. Que no nos da ninguna pena que este año no veamos al Señor y a la Virgen por nuestras calles.

No es lo mismo reaccionar casi con indiferencia que asumir la realidad y, con toda la pena del mundo, aceptar una Semana Santa sin cofradías. No olvidemos para qué sirven las hermandades, el culto público; o dicho de otra forma, no podemos ser cofrades dándonos igual si hay procesiones o no. El otro extremo sería avergonzarnos ante nuestros amigos de que nos gusta ver un paso en la calle. Esto, ¿nos ha pasado alguna vez?.

El próximo año llegará la Semana Santa más esperada, la que viene después de dos años de espera. Esto, de paso, le otorga al pregonero una doble responsabilidad, además de la ventaja de tener más tiempo que ningún otro para elaborar su texto. ¡No nos dirá que le ha cogido el toro!

Llegado ese momento, quedará muy lejos la tristeza de un Domingo de Ramos sin la ilusión de verse en el día más esperado para todos los cofrades. De pasar un año sin vestirse de nazareno (quien se vista). De la decepción de los niños que esperan tanto o más que nosotros. Y de la nuestra de estar con ellos para transmitirles lo que otros nos enseñaron a nosotros. Legado ese momento, volverán las cofradías a las calles, y nosotros, los cofrades, a disfrutar de la semana en torno a la cual giran nuestras vidas.

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