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La esquila

Cofrades ateos

En título contradictorio siempre es una oportunidad para escribir algo interesante, y es que el ser humano no es otra cosa que la eterna lucha entre lo correcto y lo incorrecto, lo que debe hacerse y lo intolerable. Por ello, nos gustan los personajes que encierran su carga de modelado psicológico, que no son planos. De alguna forma, nos vemos representados en ese bueno que no es tan bueno o en ese malo que no lo es tanto.

¿Y esto a qué viene? Pues a que, si estamos hablando de cofradías y de cofrades, las contradicciones están presentes igualmente en este ámbito que tanto nos apasiona, como cosa que es propia de las personas. Sin embargo, creo oportuno llamar la atención sobre un fenómeno que está desnaturalizando nuestra Semana Santa y que la pone en peligro. Me explico: Ya hemos advertido en más de una ocasión que los problemas de las hermandades no son exclusivos de estas, sino que provienen de un calado más profundo.

Es la propia sociedad la que hace aguas y esta situación se manifiesta en todo lo que guarde relación con el ser humano, y entre todo ello, en las cofradías. Vivimos en la época del todo da igual, del no pasa nada, del sí pero no. Del disfrute por el disfrute. De la falta de medida y del empacho porque sí. Pues muy bien.

El problema de todo esto es que nuestro ámbito tiene un principio religioso que, a la hora de ponerse en práctica, queda muy desdibujado. Dicho de otro modo: nuestra fe, puesta en público y de un modo colectivo, da las hermandades. El culto público al Señor. Sin embargo, obviar la raíz plantea un espectáculo vacío cuyo objetivo puede ser estéticamente muy bonito, pero que no se sustenta. Pierde su razón de ser. Después nos preocupa que cuando se habla de Semana Santa se ponga al mismo nivel la fiesta religiosa y el reclamo turístico, o nos escandaliza que argumentemos las procesiones con el impacto económico en la hostelería. Uno de los motivos para escribir este artículo está en el regalo que me hizo un amigo hace unos meses.

Se trata del Primer pregón heterodoxo de la Semana Santa de Sevilla, a cargo del conocido humorista Manu Sánchez. Se trata de un personaje que me hace mucha gracia en sus monólogos pero reconozco que he leído con gran preocupación su justificación de cómo se puede querer a unos titulares sin creer en Dios. Y no tanto por el libro en sí, que puede quedar en anécdota, pero, si observamos un poco la realidad, representa una manera de acercarse a las cofradías bastante más extendida de lo que muchos puedan creer.

Hoy no sorprende a nadie que los ensayos de costaleros despierten más interés, sobre todo en la juventud, que un día de quinario. Yo me pregunto si no estamos fomentando este desastre. No lo sé, pero me da la sensación de que muchos disfrutan casi lo mismo el día de salida que la mañana en la que su cuadrilla ensaya con la banda detrás (una moda horrible en mi opinión, lo siento).

Esta desnaturalización de la que hablo provoca esperpentos como el que hemos visto en muchos de nuestros móviles, por ejemplo, estas pasadas Navidades. Me refiero al vídeo que habréis visto muchos en el que se muestra una cuadrilla ensayando con un señor (con minúscula) encima del paso vestido de cierto personaje navideño que nada tiene que ver con nuestra fe ni mucho menos con nuestra cultura. O las fotos de muchos cofrades que esa fiesta anglosajona cercana a Todos los Santos se disfrazan porque se lo pasarán genial.

Pues estupendo. Poco a poco, vamos a quitarle su sentido a la Semana Santa y a las cofradías. Vamos a quedarnos con las calles llenas de público y no con las iglesias vacías de hermanos. Convirtamos la Semana Santa en lo que no es y hagamos un espectáculo tan bonito que no seremos capaces de encontrar en él lo que buscamos.

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