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La tormenta perfecta

  • El Recre regala tres puntos al Melilla con una desastrosa primera mitad

  • Un rival sólido aprovecha las facilidades recreativistas para dejar al Decano de nuevo en problemas

Los jugadores del Melilla celebran uno de los goles de la mañana ante la desolación de los recreativistas. Los jugadores del Melilla celebran uno de los goles de la mañana ante la desolación de los recreativistas.

Los jugadores del Melilla celebran uno de los goles de la mañana ante la desolación de los recreativistas. / fotos: josué correa

Así no hay quien respire tranquilo en el Nuevo Colombino. Cuando el recreativismo vislumbra la luz, llega otro palo. Y así, uno tras otro. Van ya demasiados en una temporada definida en la bipolaridad de un Recre impredecible, que alterna escasos brotes verdes con demasiados sinsabores y que una vez más vuelve a los problemas.

Ante el Melilla se pudo sacudir el agobio para al menos tener un final de temporada sin grandes dificultades, pero su espantoso partido sólo sirvió para demostrar que cuando levanta el pie es un equipo mediocre y vulgar para la categoría. Es la realidad. Tiene calidad para estar arriba, pero le falta espíritu para competir. Sólo lo hace a cuentagotas. Cuando une ambos argumentos se vuelve un equipo fiable. Cuando se olvida de pelear y vuelve al vicio del balón al pie se transforma en una sombra predecible a la que se le hace daño con muy poco. A ese Recre cuando se relaja basta con esperarlo para aprovechar sus flaquezas. Ahí está la temporada para explicarlo.

Merecida bronca de la grada por la imagen de los recreativistas sobre el césped

La primera mitad contra el Melilla fue un horror. Negredo se equivocó con un planteamiento que restó dinamismo y verticalidad, dos requisitos indispensables para superar el entramado defensivo de un rival habituado a tejer una tela de araña en el centro. Quiso fortalecer su centro del campo con Vila y Zambrano para dividir al equipo en dos bloques. Seis jugadores por detrás de la pelota para contener y otros cuatro por delante con calidad para atacar. El hueco generado por la desconexión de ambos fue una brecha insalvable por la que el Melilla se coló para sonrojar a los albiazules.

Pero la responsabilidad del técnico no fue única. Su disposición pudo no ser la mejor para ganar el partido, pero de ahí a perderlo de la forma en que lo hizo va la parte que corresponde a los jugadores. Los que saltaron al césped tienen mucho que decir de esos 45 minutos para olvidar. La bronca de la grada al descanso fue más que merecida. La imagen de la plantilla al final soportando los pitos de una afición cansada debería hacerles reflexionar. Esto es la Segunda B y quien no quiera entenderlo no tiene sitio. Suena cansino recordarlo: ¡aquí se muere por cada balón!

El Melilla se encontró con un bizcochito albiazul para desayunar. Lento, previsible, blando y sin ideas, el Recre le dio en bandeja el partido a los norteafricanos. Fue todo lo que cabría esperar el rival. Un equipo serio, replegado, sin prisas y con recursos arriba para hacer daño al primer despiste. El Decano se lo puso muy fácil a los norteafricanos que, sin piedad, asestaron dos golpes letales para sentenciar en media hora. El Melilla aprovechó una primera parte horrorosa del Recre para ganar el partido. El resto del choque fue un constante querer y no poder albiazul para satisfacción de un rival comodísimo en su faceta defensiva sin ninguna intención de ceder ni un metro. Los dos tantos melillenses fueron similares. Errores no forzados, pérdidas de balón y latigazo de los atacantes norteafricanos. A los 18 minutos un balón corto de Gorka lo aprovechó Yacine.

Como el Melilla no es el Écija, la capacidad de respuesta albiazul fue nula. Lejos de apretar, el Recre decidió convertir el duelo en un ejercicio de fútbol plano, horizontal, lento, previsible… Como si le hubiese dado a elegir a su oponente lo que quería tener delante. Manolo Herrero se frotó las manos en el banquillo. Así ni en tres días iba a superar el Decano su tela de araña en un centro del campo siempre en superioridad numérica por los espacios recreativistas. Cuando uno mira al campo y sólo ve rivales piensa que son más, pero normalmente es que están mejor colocados.

El Recre regaló el primer gol a un rival especialista en dormir partidos y atrapar oponentes. Esperó agazapado el Melilla para dar su segundo zarpazo. A la media hora le explicó al Recre cómo generar peligro. Un robo, una triangulación y líneas rotas para plantarse Boateng ante Marc Martínez.

El mosqueo albiazul creció con la vuelta del vestuario. El Recre le demostró a su gente lo que podía haber sido. Si el Decano que salió tras el descanso hubiese comenzado el partido quizá la historia hubiese sido otra. Sólo quedó un camino. Negredo ordenó zafarrancho de combate para lograr un gol que metiese al Recre en el partido. Metió a De Vicente en el centro del campo para rectificar el error inicial y a Boris arriba para aportar el plus de intensidad que tanto se había echado en falta.

Durante 20 minutos sobrevoló la esperanza en el Nuevo Colombino. Incluso Lazo se encontró con la madera en el 55. Fueron minutos de presión recreativista, con robos en campo contrario, ideas diferentes y alternativas. El Melilla tuvo que emplearse a fondo por primera vez. Sabían los norteafricanos que el acoso tenía caducidad. El arreón onubense iría cediendo de forma progresiva si el premio no llegaba. Así fue.

En fútbol las prisas suelen ser proporcionales a la falta de ideas. Cuanto menos tiempo, menos claridad y más precipitación con el balón en los pies. Fue la historia de una segunda mitad en la que Dani Barrio intervino en un par de ocasiones con acierto para anular la reacción recreativista mientras el Decano se fue ahogando. A quince minutos para el final el partido había terminado. El Melilla miraba plácidamente a un rival desquiciado.

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