Golfo de Cádiz

La flota de la chirla permanecerá amarrada a puerto otros dos meses

  • Al cierre del caladero, tras agotarse la cuota máxima de capturas, se suma la parada biológica de sesenta días. El sector demanda la elaboración de un nuevo plan de gestión

Barcos con draga hidráulica amarrados en el puerto de Isla Cristina. Barcos con draga hidráulica amarrados en el puerto de Isla Cristina.

Barcos con draga hidráulica amarrados en el puerto de Isla Cristina. / H. Información (Huelva)

La flota de draga hidráulica que faena la chirla estará amarrada a puerto dos meses más. Después de cerrarse el caladero tras agotarse el máximo de capturas de 1.300 toneladas, llega la parada biológica. Ésta comenzó el día 1 y tendrá una duración de dos meses por lo que las embarcaciones estarán inactivas hasta el próximo 30 de junio. El sector demanda la elaboración de un nuevo plan de gestión de la chirla.

La flota vuelve a estar parada después de seis meses de actividad, en los que los mariscadores solo han podido capturar el tope de cuota impuesta por la Junta de Andalucía que fue inicialmente de 1.100 toneladas de chirla.

El paro forzoso, como en año anteriores no completan ninguna ayuda o subvención, para los marineros por lo que buena partes de ellos irán al paro.

El sector de la chirla atraviesa un auténtico periplo desde que la Administración andaluza decretó el cierre del caladero en febrero de 2018 por la falta de marisco, una decisión que fue avalada y recomendada a través de informes científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO), y después de que las medidas adoptadas no lograran evitar una nueva disminución acusada de la chirla en las aguas del Golfo de Cádiz.

Las embarcaciones estarán sesenta días sin actividad y no recibirán ninguna ayuda

La parada afectó a 96 embarcaciones y 291 tripulantes de los puertos de Isla Cristina, Punta Umbría y Ayamonte, y Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz.

Ocho meses estuvieron sin faenar los barcos de draga hidráulica. La captura de la chirla se prohibió al comprobarse que la biomasa estaba alcanzado unos niveles mínimos que comprometían la supervivencia de la especie. A partir de ese momento se estableció que la situación se mantendría hasta que hubiese garantías de que la actividad era viable al conjugar los intereses ambiental, económico y social.

Para paliar los efectos del cierre del caladero, la Administración autonómica puso en marcha unas ayudas para armadores y tripulantes afectados, que el sector calificó de escasas. Esto permitió un apoyo económico a decenas familias durante este periodo de inactividad.

Hasta el 2 de octubre no regresaron los barcos a la mar, con unas condiciones impuestas por la Junta que los mariscadores rechazaron inicialmente. Previamente habían presentado un plan de viabilidad. Éste incluía la variación de la talla comercial de la chirla y su reducción de los 25 milímetros actuales a 24 o, en su defecto, una tolerancia importante entre 25 y 24 milímetros, el establecimiento de un horario de entrada y salida a puerto sin limitaciones, así como un límite de captura diario, a fin de preservar el caladero.

Dos merinero en plena faenar de extracción de chirla con la draga. Dos merinero en plena faenar de extracción de chirla con la draga.

Dos merinero en plena faenar de extracción de chirla con la draga. / J. Landero (Huelva)

La Orden de la Junta establecía un máximo de 150 kilos por día para los barcos con draga hidráulica y un máximo de 90 kilos por día para las embarcaciones de rastro remolcado. Además, determinaba que solo se permitía faenar cuatro días a la semana y quedaba prohibida la captura, descarga y primera venta de chirla todos los miércoles.

La resolución establecía, en definitiva, una captura total no superior a 1.100 toneladas hasta el 1 de febrero de 2019, cuota de captura que obedecía a los estudios realizados por el Instituto Español de Oceanografía.El objetivo de las medidas era alcanzar niveles de rendimiento máximo sostenible, ya que cuando se reabrió la captura, según el IEO, se situaban al 59%, una cifra que sí permitía poder compatilizarse la actividad extractiva con la recuperación del caladero.

Inicialmente se establecía el cupo para una periodo de cuatro meses. Es decir de octubre de 2018 a enero de 2019. A finales de ese último mes, la Junta decidió prorrogar el periodo al no haberse agotado el cupo de las 1.100 toneladas.

La idea era que mientras se consumía este remanente solicitar al IEO un nuevo estudio sobre la situación del caladero al objeto de que finalmente pueda autorizarse la actividad hasta el 30 de abril, cuando el sector comienza su parada biológica anual de la especie.

En marzo de este año, la Junta elevó hasta las 1.300 toneladas el tope máximo de capturas de la chirla del Golfo de Cádiz, lo que permitió al sector seguir faenando. La medida supuso un incremento en 200 toneladas con respecto a lo establecido inicialmente para reabrir el caladero en octubre pasado.

De nuevo el cierre

Finalmente, a primeros de abril la Administración andaluza decretó el cierre del caladero al alcanzarse el tope de capturas permitido. La resolución publicada en el BOJA recoge que tras analizar las capturas registradas en el sistema electrónico de remisión de notas de venta procedentes de las lonjas del litoral atlántico de la Comunidad Autónoma de Andalucía (Idapes), se ha comprobado que las ventas registradas han superado las 1.300 toneladas, por lo que procede el cierre de la pesquería de la chirla.

Ello conlleva también la prohibición de capturar, mantener a bordo, transbordar, desembarcar y comercializar la especie procedente del litoral del Golfo de Cádiz y la obligación de devolver inmediatamente al mar los ejemplares capturados de forma accidental.

Desde entonces las embarcaciones permanecen amarradas en el puerto y así estarán al menos sesenta días, cuando concluya la parada biológica. Para entonces se espera que el caladero cuente con la biomasa adecuada y que haya alcanzado niveles de rendimiento máximo sostenible que permitan para volver a faenar.

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