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Una convivencia reúne a siete hermandades de aldeas de la provincia

  • Los fieles de San Antonio de Padua de La Peñuela organizan una nueva edición del encuentro en el paraje de San Walabonso

Desfiles de las hermandades con sus estandartes. Desfiles de las hermandades con sus estandartes.

Desfiles de las hermandades con sus estandartes. / Javier Monterroso

Son muy pocas las ocasiones en las que el paraje de San Walabonso, en la localidad de Niebla, acoge a tantos visitantes como lo ha hecho este fin de semana. Allí, en la jornada de ayer se celebró una nueva edición de la Convivencia de Hermandades de las aldeas de Zalamea La Real, Valverde del Camino, Beas y Niebla.

Este año, la organizadora del encuentro fue la Hermandad de San Antonio de Padua de La Peñuela. Junto a ella, acudieron otras seis: La de San José Obrero de Candón, la de Nuestra Señora de las Mercedes de Navahermosa de Beas, la de la Santa Cruz de El Buitrón, la de San Juan Bautista de la Venta de las Tablas, la de la Virgen de la Salud de Fuente de la Corcha y la de San Isidro de Caballón.

Todas se encontraron por la mañana al principio del camino que conduce hasta el embalse. Desfilaron en orden, hermandad tras hermandad, abanderadas por estandartes y varas y lideradas por sus representantes. Acompañando, cientos de fieles al ritmo de flauta y tamboril.

Una vez a orillas del pantano, se celebró la eucaristía en un altar provisional con las insignias como testigos rigurosos. Pedro Cid, titular de Pueblo de Dios, fue el encargado de oficiar la misa, mientras que las notas musicales corrieron a cargo del grupo Amigos de Caballón.

Almuerzo en el paraje de San Walabonso. Almuerzo en el paraje de San Walabonso.

Almuerzo en el paraje de San Walabonso. / Javier Monterroso

El final del culto religioso dio paso al almuerzo de convivencia. Para algunos, fue el gran momento de la jornada. Reencuentros anuales, instantes de charlas, de puestas en común de motivaciones y, sobre todo, de disfrutar de la amplia gastronomía andevaleña, minera y condal. Por esta época, el codiciado gurumelo se abre paso como ingrediente estrella. Tampoco faltaron las sevillanas. Este encuentro de hermanos es lo más parecido a una romería. Para colmo, los 25 grados de máxima entre pinos invitó a una estampa natural de luces y color. Y no siempre ocurre así. El año pasado la climatología fue adversa y la lluvia obligó a las hermandades a celebrar este día en el salón social de La Peñuela. Bajo techo.

Entrada la tarde, finalizó este gran día de convivencia con las despedidas y el regreso de cada una de las hermandades a sus lugares de origen. Hasta el año que viene, porque este encuentro no para, sólo cambia de organizador. San Walabonso quedó desierto hasta nueva visita. La más próxima y multitudinaria, la parada que la Hermandad del Rocío de Valverde realiza en su caminar hacia la aldea almonteña.

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