Incendio Almonaster | El terreno después de las llamas El negro horror de las cenizas

  • Decenas de kilómetros muestran un paisaje desolador tras el paso del fuego originado en Almonaster

  • Los vecinos afectados lamentan la pérdida de naturaleza

Aspecto de una pequeña parte del terreno quemado por las llamas. Aspecto de una pequeña parte del terreno quemado por las llamas.

Aspecto de una pequeña parte del terreno quemado por las llamas. / Josué Correa

Aunque no lo parezca, ayer llovió en la provincia de Huelva. Aunque hizo un sol de justicia que apretó a las horas del mediodía. Aun así, y con los termómetros subiendo, llovió en la provincia de Huelva. El chispeo llegó en la zona del Andévalo. Y no del cielo precisamente. Caían hojas de las copas de eucaliptos en los bordes de Zalamea la Real. Caían cenizas. Hojas quemadas que, sin vida, ya no aguantaban bajo el cobijo de una ramas achicharradas por el desastroso incendio que se originó el último jueves de agosto en Almonaster la Real. Fueron más de 16.000 hectáreas calcinadas y que ahora se antojan crujientes bajo la suela de los zapatos. Las cenizas, el pasto quemado, y las hojas descoloridas de una vegetación que tardará años en volver a colorear un paisaje que ya no está. 

Ayer al mediodía había persianas en casas de Zalamea que no estaban subidas. Hay gente que tardará en acostumbrarse a volver a mirar por la ventana. El fuego se quedó a escasos metros del municipio y de acabar con toda una vida de trabajo, sacrificio y esfuerzo. Cierto es que para muchos la moneda salió cruz. La cantidad de ganado perdido –muerto o huido– y la desaparición del alimento de los propios animales son consecuencias difíciles de reparar tanto económicamente como emocionalmente. Más suerte han corrido las innumerables casitas desperdigadas en el monte que quedaron intactas del azote de unas llamas que frenaron a centímetros de hacerlo todo añicos. Los continuos cambios de la dirección del viento ha sido la suerte para muchos y la desgracia para otros.

Hay que recorrer kilómetros y kilómetros de carreteras secundarias por el Andévalo y la Cuenca Minera onubense para darse cuenta de la magnitud de un incendio que ha escrito una nueva página negra en la historia de Huelva. Y hay que agradecer al Infoca que la desgracia no haya sido mayor ya que la orografía y los cambios de viento dejan a la luz de todos la dificultad del suceso. Las innumerables pendientes de la zona, los espacios casi sin salida que pudieron convertirse incluso en una ratonera, y la casi nula llanura son algunos de los visibles factores.

En el silencio se puede escuchar todavía el horror. La vida ambiental que se ha perdido. Y el futuro incierto. “Qué desastre, con lo bonito que estaba todo esto”. Son palabras de un vecino de la aldea Montes Blancos. Los vecinos de este rincón de la provincia fueron desalojados el jueves 27 y hasta el pasado lunes no pudieron regresar a sus casas. “Aquí se puso un retén y si no llega a ser por ellos se queman todas las casas”, explicó a Huelva Información Paco, un vecino que tiene destrozos en su cerca y que incluso ha perdido su depuradora por culpa de las llamas del fuego. Ayer al mediodía se encontraba tapiando con chapa los límites de su patio “para que no se nos meta nada”. Se refirió a los ciervos, que incluso “vienen en grupos de 20 o 30 buscando comida”. Eso sí, Paco y su familia dejan fuera alimentos para que los animales dejen de sufrir en esta tragedia natural.

Mención aparte es el olor, que por la noche incluso “se te coge en la garganta”, explicaron los vecinos de Montes Blancos. El suelo y la vegetación carbonizada todavía entra en cada respiración, algo que ocurre en los numerosos kilómetros de la superficie por la que pasó como un vendaval el fuego. En los rostros de los que han salvado sus viviendas está la desolación. Una tristeza que llegó de la noche a la mañana y que tardará en repararse mucho tiempo. Atrás quedó una vida cargada de verde y ahora sólo quedan cenizas del recuerdo. Con caras largas también recorrieron parte del perímetro del incendio varios fotógrafos aficionados para guardar en su objetivo lo que el fuego se llevó. “Quiero hacer el antes y el después con fotos que ya tenía”, señaló uno de estos onubenses.

“Esto es horroroso”, explicó una familia de Montes Blancos. Llegaron el lunes por la noche a su vivienda y hasta el martes por la mañana, con la luz, no comprobaron que su casa quedó a escasos metros de las llamas del fuego. “Hemos estado tres días sin dormir por la angustia”.

Hay que recordar que –hasta el cierre de estas líneas– el Infoca todavía no ha dado por extinguido el incendio. Así varios efectivos seguían ayer trabajando sobre el terreno diez días después desde que se originase el incendio. Son numerosas hectáreas de terreno de las que hay que estar pendientes. El de Almonaster la Real ha sido el mayor incendio del país en lo que llevamos de temporada estival. Cientos de bomberos forestales y más de 25 medios aéreos estuvieron trabajando día y noche para sofocar las llamas.Ahora queda un escenario negro. Sin vida. Sin alegría en los merenderos, donde la ceniza es el único plato para comer. Sin el verde del paisaje, donde los pinos y los eucaliptos han dejado huérfana a esta paleta de colores. Y sin información en muchas señales de tráfico, donde la única dirección que ahora marcan es la del infierno. 

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios