Provincia

El Andévalo se convertirá en una ruta cultural y religiosa sobre el legado benedictino

  • El proyecto es un reto para poner en valor el interior de la provincia como destino turístico

San Benito Abad, patrón de El Cerro, un ejemplo del legado benedictino. San Benito Abad, patrón de El Cerro, un ejemplo del legado benedictino.

San Benito Abad, patrón de El Cerro, un ejemplo del legado benedictino. / Javier Monterroso

La comarca del Andévalo se convertirá en una ruta cultural y religiosa al amparo del legado de San Benito. Camino Benedictino. La forja de Europa se ha bautizado este proyecto, que se impone como reto poner en valor el interior de la provincia como nuevo destino turístico, arropado por su amplia variedad patrimonial, ya sea material o inmaterial.

Está ideado como un itinerario que puede recorrerse a pie, en bicicleta o en automóvil, en el que el visitante disfrute de las costumbres, la gastronomía, las construcciones o las tradiciones de los municipios andevaleños, localidades conectadas por la regla benedictina. Su impulsora es la investigadora Carmen Corchero, historiadora y arqueóloga, especializada en patrimonio cultural, quien ha decidido que ha llegado la hora de fijar a la comarca en el mapa y hacerla atractiva para el turista. No sólo para el provincial o nacional, sino también para el europeo, ya que el vestigio benedictino se extiende más allá de las fronteras españolas.

Corchero ha presidido recientemente un encuentro entre alcaldes, técnicos y asociaciones de la comarca para detallarles el proyecto. Estaría implicado todo el Andévalo, pero también otras poblaciones de la Cuenca Minera o la Sierra, municipios de la provincia de Sevilla e, incluso, destinos transfronterizos portugueses. En total, este primer tramo estaría formado por una treintena de territorios.

La intención de Corchero es que la ruta parta desde Huelva, suba hacia el resto de España y finalice en Murcia, “donde nació el Santo”. Se trata de un proyecto ambicioso, que “podría estar en funcionamiento en 4-5 años”, donde se pondrá en conocimiento “el patrimonio natural y rural, el turismo cultural y religioso, el desarrollo tecnológico, la igualdad y el desarrollo local”.

Una apuesta decidida por combatir la despoblación: “Ya está bien de que el Andévalo sea un lugar de emigración constante. Queremos que sus vecinos puedan vivir en su pueblo, con sus costumbres y tener calidad de vida”. El alma máter de este camino sabe que no será una meta sencilla y aboga por el esfuerzo. “Los municipios tendrán que trabajar mucho para poner en valor su patrimonio, como adecuar caminos o convertir casas rurales. En definitiva, los pueblos tendrán que mostrar su mejor cara”, advierte Corchero, encargada de tejer una red de coordinación técnica con todos ellos.

Para la puesta en marcha de esta ruta, será crucial la aportación europea. La asociación que dirige Corchero es miembro de pleno derecho en una entidad asesora sobre el patrimonio religioso en el Parlamento Europeo. Así las cosas, en octubre tendrá lugar la presentación del proyecto benedictino en Barcelona y la bienal, en Turquía, el año próximo. “Bruselas ya ha mirado hacia el Andévalo; es nuestra oportunidad. Tenemos talento, pero tenemos que creérnoslo”.

“San Benito llegó a nosotros hace 1.500 años. El Santo nos enseñó una regla que toda la Iglesia mundial sigue: Inventó cómo vivir en comunidad. Un ejemplo tan básico como diferenciar entre la ropa del trabajo y la ropa de vestir es un legado benedictino. Pero no es el único. El cuidado de los mayores o reservar la carne para los enfermos son reglas de los monjes que la civilización ha adoptado”, explica la investigadora.

El Camino Benedictino del Andévalo se mira en el espejo del de Santiago, una de las rutas religiosas más importantes del mundo. De hecho, Corchero ha logrado que éste apadrine su proyecto. “No estamos solos. Las universidades, los investigadores, los alcaldes, las hermandades y las empresas privadas lo apoyan”. “Tenemos la oportunidad de crear empleo para cualquier edad. No somos conscientes de que tenemos la solución dentro de nosotros mismos: Hacer una comarca cultural del siglo XXI”, argumenta su impulsora.

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