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Guerra de sondeos

  • Quinielas. Pese a las dudas de las encuestas preelectorales, los expertos dan ganador a Sánchez el 28-A por el desplome de Podemos y vaticinan que no habrá 'sorpasso' de Cs al PP

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Guerra de sondeos / Santi Otero / efe

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Los candidatos, los líderes de los partidos y muchos ciudadanos a los que la política interesa lo justo pero quieren para España el mejor Gobierno se precipitan cuando cualquier medio anuncia un sondeo electoral. El escepticismo sobre su nivel de acierto había bajado considerablemente en los últimos años, desde que sucesivas noches electorales demostraron que los resultados eran muy distintos a los que se habían dado como probables. Sin embargo, se han corregido errores, hay referencias que no existían cuando aparecieron partidos nuevos y en las últimas contiendas alguna empresa se aproximó al resultado definitivo. Recogiendo incluso la aparición de Vox por la puerta grande de las elecciones andaluzas, aunque otras ni siquiera advirtieron el empuje del partido de Santiago Abascal. Tan pocas acertaron en los últimos tiempos, que se da el caso insólito de que el par que lo hicieron se las disputan hoy medios de comunicación que compiten por el mismo espacio y partidos políticos situados en las antípodas.

A cinco semanas de que se celebren las generales y a poco más de dos meses de que las autonómicas, municipales y europeas, se advierten considerables discrepancias en los sondeos que se publican o que manejan los partidos -en algunos se nota que el contratado es "sensible" a los deseos del contratante y carga la mano en ofrecerle datos positivos mientras mengua los adversos-, pero hay algunas conclusiones que son unánimes: el PSOE de Pedro Sánchez ganará las elecciones a distancia de la segunda fuerza, el PP; Podemos se encuentra en caída libre -es la razón de la subida socialista-, Ciudadanos se halla en una situación más debilitada que en los anteriores comicios y no se acerca al sorpasso al PP que hace pocos años era un sueño realizable y hay que contar con la presencia de Vox.

Este partido es la gran incógnita. Tendrá millones de votos, pero es imposible calcular los escaños pues como el PP se empeña en difundir para buscar el voto útil, más de una veintena de provincias cuentan con menos de seis asientos al Congreso y la Ley D'Hont potencia a los partidos ganadores mientras dificulta que los minoritarios logren representación parlamentaria. Una docena de votos puede significar ganar o perder un escaño y, en caso de no ganarlo, las papeletas logradas por ese partido se pierden irremediablemente mientras el escaño en liza puede ir a la fuerza políticamente más opuesta.

EL OPTIMISMO DE CASADO

La campaña del PP no está siendo muy efectiva, pero ha sido inteligente la propuesta pública a Vox pidiéndole que no se presente en esa veintena de provincias para impedir que la izquierda incremente sus escaños. Sabía el PP que sería rechazada, pero ha sido un toque de alerta para los desencantados del PP, que quizás reconsideran su intención de votar a Vox porque su voto podría ser que no diera escaño a ese partido... pero sí a uno de la izquierda. Casado, sin embargo, debe ir con cautela: no le interesa que Vox se venga muy abajo, a no ser que los votos que pierda sen para los populares. El líder del PP necesita que Vox tenga presencia, porque en caso contrario la izquierda podría lograr más escaños que la derecha y Sánchez continuaría en La Moncloa.

Casado está convencido de que va a ser presidente del Gobierno, pero los expertos en estrategia electoral lo dudan. Tiene en su contra la falta de experiencia de gestión, el arma más eficaz de un Sánchez que provoca gran rechazo pero que de todos los candidatos es el único que conoce los resortes del Ejecutivo. Pero, para mantener la esperanza del PP, esos mismos expertos coinciden también que en esta ocasión la campaña va a ser clave para el resultado y que todo se puede decidir en la última semana. Por eso es vital no cometer errores.

Mencionada que la baza fuerte de Sánchez es que preside el Gobierno, tiene otra más añadida: el importante declive de Podemos lo convierte en el candidato más creíble de la izquierda, aunque juega en su contra la política respecto a Cataluña y el polémico pacto con los independentistas en la moción de censura a que desbancó a Rajoy. Esos peligrosos y anticonstitucionales socios de Gobierno le pueden pasar factura a poco que los partidos a su derecha se empeñen en campañas bien diseñadas para desgastar al Ejecutivo.

Ahí es donde el PP ha fallado hasta ahora, y también Ciudadanos, más ocupado en resolver sus problemas internos que en prepararse a fondo para arañar el voto centrista al PSOE, que, junto al voto de derecha que le arrebató al PP, explica su éxito cuando decidió convertirse en partido nacional. Hoy los sondeos lo ven a la baja, pero con posibilidad de recuperación si corrige sus muchos errores.

LA INCÓGNITA SÁNCHEZ

Más difícil tiene Podemos esa recuperación. Pierde peso en gran parte por la decepción que ha provocado un Iglesias que fue el personaje más ilusionante de la izquierda hace cinco años. Hoy sólo mantiene el voto muy ideologizado, porque tres palabras le están pasando factura: Galapagar, república y Venezuela. Tres baches que explican que Sánchez encare con tanta ventaja inicial esta campaña.

Las grandes incógnitas se centran en Vox. Hace un mes, la España de derechas que tradicionalmente votaba al PP se mostraba entusiasmada con Vox, que se veía con perspectivas gloriosas. Ha caído su empuje, por falta de candidatos -sólo cuenta con media docena de caras conocidas y reconocidas- y porque ha endurecido su discurso. Es probable también que cale el mensaje del PP respecto al voto útil y que la gente conservadora se lo piense mucho antes de dar su voto a Vox en esas provincias con menos de seis escaños.

Los expertos coinciden en algún dato más en sus análisis preelectorales: nadie hace sombra al PNV en el País Vasco, y en Cataluña ERC está disparada gracias al prestigio creciente de Junqueras, mientras Puigdemont sufre un desprestigio creciente. El independentismo catalán está muy dividido y por tanto debilitado, y los sociólogos piensan que gradualmente va a ser sustituido por un nacionalismo sólido no independentista. Un modelo parecido al que significó CiU hasta que Mas dinamitó esas siglas al abrazar la causa independentista.

Con todas estas mimbres se está diseñando el futuro de España. Complicado. La prueba es que a la coincidencia generalizada de que Sánchez ganará se añade la coincidencia, también común, de que no es nada seguro que siga siendo presidente. Depende de lo que logren posibles socios de Gobierno.

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