Tribuna

Luis Marquínez Marquínez

Exdiputado del Partido Popular

Dos perlas y un diamante

Siendo la primera región en territorio y población somos también la última en riqueza y desarrollo y solo encabezamos las listas de las peores evaluaciones europeas

Dos perlas y un diamante Dos perlas y un diamante

Dos perlas y un diamante

Ha sido un largo camino. Recuerdo aquel verano del 82 en los Reales Alcázares de Sevilla, la constitución del primer Parlamento de Andalucía, donde un heterogéneo grupo de hombres y mujeres empezábamos una ilusionante andadura política que debería conducir a nuestra tierra a un futuro esplendoroso. Ese futuro hoy es pasado y podemos juzgarlo y es eso lo que hemos hecho los andaluces en las últimas elecciones.

Han sido necesarios treinta y seis años para comprobar que aquel brillante PSOE que conquistó a toda España en el 82 no era el mismo que cogió una Andalucía esperanzada y llena de recursos y posibilidades y en lugar de dedicarse a gobernarla con mayúsculas, se dedicó a instalar un régimen clientelar de adeptos al favor y adictos al carné suplantando la eficacia por la conveniencia y el bien común por el bienestar de sus comunes. Está claro, nos dicen, que Andalucía ha avanzado, por supuesto, faltaría más, siete lustros disponiendo de recursos y de una buena propaganda permiten maquillar cualquier fracaso, pero los datos son contumaces y no discuten con la propaganda, la orillan, y estos datos nos han repetido, año a año, que siendo la primera región española en territorio y población somos también la última en riqueza y desarrollo y solo encabezamos las listas de las peores evaluaciones europeas. A pesar de todo esto los clientes han aguantado a pie firme más de lo pensable… hasta que llegaron los ERE y el andamiaje de los favores empezó a tambalearse y si faltaba algo para colmar el vaso apareció un tal Sánchez que acabó de marear la brújula nacional de un partido ideológicamente diluido y con unos líderes poco fiables. Los clientes se asustaron y los emprendedores se rebelaron y las gentes han pedido paso al cambio hacia una economía dinámica y un gobierno eficiente.

Esta es la realidad y este es el reto y ahora toca empezar una nueva etapa de gobierno con sensatez, prudencia y contundencia. Un gobierno reformista, liberal y conservador que abandone los debates retóricos y vaya al grano de las materias que aseguren el Estado de bienestar que Andalucía reclama y merece y para eso, sensatez, porque no es necesario despreciar todo lo anterior ni a todos los anteriores descabalgarlos, lo que funcione habrá que mejorarlo y lo que no, reinventarlo para que funcione con la finalidad de convertir el desarrollo en un objetivo y la eficacia en una meta.

El cambio era necesario y su fuerza ha sido clara, por eso duele oír en boca de políticos importantes, estupideces como que "… alarma frente al fascismo" o "…amenaza de regresión en el autogobierno", o el colmo de "… actuaré contra la Junta si se recortan los derechos", dicho por un presidente sostenido por golpistas separatistas y antisistema. Hay que ser más humildes y por lo menos demócratas convencidos, y por lo oído no parece que esas dos virtudes tengan una gran implantación en los políticos actuales. Hay tres principios de oro que deben guiar cualquier camino, el pueblo soberano es quien decide, la Constitución es quien nos marca las reglas y la justicia, profesional e independiente, es quien nos ampara.

Como decía, ahora toca gobernar el cambio y su ola mágica tiene que llegar a Huelva dentro de un programa que el nuevo presidente está elaborando con todos sus colaboradores, programa sobre el que no me resisto a sugerir como mínimo dos verdaderas perlas: para la provincia las comunicaciones, desde los caminos rurales -arterias de vida de nuestro sector primario- pasando por los enlaces con la Costa, la unión directa con la autovía de la Plata, el aeropuerto, el AVE y la inaplazable unión Huelva-Cádiz… y para la capital el Puerto, su plena integración urbana con la ciudad, el aumento de su dimensión turística, la consolidación y ampliación de su dimensión industrial, la optimización del uso de sus territorios ribereños (siguiendo los contenidos del plan que elaboramos en el año 2010)... No acabaríamos nunca de aportar ideas para un programa que a otros les corresponde elaborar con mayor celo, pero estoy seguro de que muchos otros onubenses y andaluces tienen ideas en la cabeza, que les gustaría aportar también… pues bien, no se corten y busquen el modo de hacerlo con sentido y seriedad.

Dos simples perlas decía, para un largo y contundente collar de medidas para la nueva Andalucía, collar repito, que como remate debería llevar un espléndido diamante que nos dijera a todos: por favor, destierren para siempre la confrontación.

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