Celebración El Rocío refuerza su seguridad este fin de semana con motivo de la celebración de la Candelaria

Tribuna

Ezequiel Martínez Jiménez

Periodista y escritor

De la libertad y su privación

De la libertad y su privación De la libertad y su privación

De la libertad y su privación / rosell

"La libertad Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra"... Capitulo LVIII, El Quijote, Miguel de Cervantes.

UNA mañana Paco Casero y servidor llegamos a la cita con A, una de las profesoras que se encargan de la formación y educación de reclusos en la prisión Sevilla Uno. En el primer control una funcionaria nos pidió el DNI y nos dio una acreditación para estar identificados. Pasamos varios controles, con una sensación extraña y conmovedora al abrirse y cerrarse tras de sí, las puertas enrejadas y acristaladas por las que accedíamos a otro pasillo y a otra galería. En el despacho de formación nos atendió M, la directora, quien nos explicó que la charla se enmarcaba en torno al 4D, día de Andalucía y de la bandera Andaluza. De la mano de A, visitamos la Biblioteca. Varios reclusos leían, escribían o dibujaban. Les saludamos. Luego fuimos al economato y saludamos al encargado, el joven Saíd. Le pregunté de dónde procedía. Marrakech, me respondió: ¡Salam Aleikum!, le dije. Sonrió y con la mano en el pecho, contestó: ¡Aleikum Salam! Saíd, me ofreció un café con leche y se lo agradeci: ¡Sucram! le dije. Con A y con M fuimos al salón de actos donde había más de 70 personas reclusas. Tras la presentación que nos hizo M, la directora de formación, intervino Paco Casero, quien habló del significado del 4 de diciembre para la autonomía de Andalucía, de la lucha jornalera y de sus huelgas de hambre, y de la dignidad. Y contó una anécdota, de un jornalero con el patrón: "En mi dignidad y en mi hambre mando yo". Y Paco habló del cambio climático, de la sequía, de la producción ecológica y lo saludable de consumir productos ecológicos. Yo me fijaba en las caras de aquellas personas que carecían de libertad. Y cuando me tocó el turno les dije: Detrás de cada cara y de cada cuerpo de los que estamos aquí hay una historia y una vida, a veces feliz, a veces oscura y turbulenta. Y pregunté cuántos habían nacido en un pueblo, y muchos levantaron la mano. Y les conté mi trayectoria profesional, como empecé de mecánico, y como llegué a ser periodista y escritor. Les hablé del Cambio Climático y de la conservación de la Naturaleza. Y les leí un pasaje de mi libro Tierra y Mar en el que reproduzco el texto que leyó José Saramago al recibir el Nobel en Estocolmo, en 1998. Y cada vez que lo leo, me emociono, pues Saramago se lo dedicó a sus abuelos Jerónimo y Josefa, ambos analfabetos. Y luego recité unos haikus de mi poemario Efusión de las almas. Y abrimos el coloquio. El primero en pedir la palabra fue Ángel de 40 años, de la Sierra Norte de Sevilla, a quien el texto de Saramago y lo que dijo Casero de los mayores, le llegó hondo y nos habló de las enseñanzas de su abuelo y del amor a la Naturaleza y a los animales. Nos dio una lección de apego al campo y nos dijo que estaba allí por la droga. Mi abuelo me enseñó -dijo- a hacer cestos con vareta de olivo y con mimbre. Luego intervino Antonio: Tenemos habilidades y oficios, y espero que al salir nos ayuden en la reinserción. ¡Que los políticos y la sociedad nos tengan en cuenta. Aquí nos sentimos olvidados! Ramón dijo: Los mayores son importantes y hay que hacerles caso. El mundo rural es muy gratificante. Luego intervino Francisco, y después Antonio, que nos habló de las penurias de vivir de la cartilla jornalera teniendo que pagar 120 euros al mes en el régimen de la Seguridad agraria. Y yo pensé que ya es hora de que se uniformice el seguro de desempleo agrario con el sistema General de desempleo. Sergio dijo que era sindicalista y que se debía luchar por lo que uno creía que era justo. Yo recordé el letrero de la Sala de informática, que habíamos visitado: "Rendirse no es una opción", y señalé que en las circunstancias de cada cual en la cárcel, había que tener esperanza y no caer en la desmotivación. Pensar -dije- que cada día, hay que llenarlo, y teniendo Salud, mirar con ilusión el tiempo que resta para recuperar la libertad y reinsertarse tras cumplir con la condena. Varios reclusos nos agradecieron nuestras intervenciones. Y alguno me dijo que había visto y le gustaba el programa de Tierra y Mar, y eso me halagó y pensé en la utilidad de algunos programas de la tele para cualquier persona, como quienes ahora lo recordaban con afecto, privados de libertad. Nos pidieron no ser olvidados por la sociedad y que se reformen y mejoren la Ley penitenciaria de 1979 y el Reglamento de 1981, pensando en los reclusos y en los funcionarios que tienen la difícil tarea de cuidarlos. De los 55.000 presos en las cárceles españolas, más de 11.000 trabajan, unos 9.000 en talleres de servicios, 2.300 con empresas externas y 200 en talleres de producción propia. Cobran una media de 300 euros al mes y pueden obtener beneficios penitenciarios. Ojalá pase pronto el tiempo de condena y estas personas puedan recuperar su libertad y se reinserten socialmente sin volver a las andadas que justa o injustamente les han llevado a la cárcel. Emociona ver de cerca a los presos, hablar con ellos y oír la palabra arrepentimiento por lo hecho. Les queda la esperanza de volver a disfrutar más pronto que tarde, de la libertad.

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