En directo Los fallecidos eran "tres buenos estudiantes con vocación social"

Tribuna

juan carlos rodríguez ibarra

Ex presidente de la Junta de Extremadura

Algo sobre educación

Algo sobre educación Algo sobre educación

Algo sobre educación / rosell

Nadie viviría en un bloque de pisos cuyas estructuras se apoyaran en una cimentación al 50, al 60 o al 70%. El constructor que dejara a la mitad la cimentación de un edificio, seguro que no volvería a trabajar más en ese sector. Idéntica suerte deberían correr quienes solo son capaces de cimentar al 50 o al 60% el conocimiento de los alumnos que inician sus estudios obligatorios en los centros públicos, privados y concertados. Un alumno calificado con un cinco demuestra que solo conoce el 50% de la materia que debería conocer al 100%. Al pasar al curso siguiente, los cimientos de ese alumno comienzan a debilitarse. Le costará más trabajo edificar ese curso sobre una cimentación hecha al 50%. Es cierto que no todos los alumnos tienen las mismas capacidades intelectuales, ni los mismos medios materiales, ni las mismas condiciones familiares y de habitabilidad. Por eso es necesario que los centro educativos se doten de profesores especialistas que, junto al aula correspondiente, cuenten con una pequeña dependencia a la que deban asistir aquellos alumnos que perdieron el ritmo de sus compañeros y que con una atención personalizada podrán reincorporase al grupo para cimentar sus conocimientos al cien por cien.

Recientemente, los medios de comunicación se hicieron eco de un profesor que calificaba con un diez a todos sus alumnos. Ante la extrañeza general, el profesor argumentó que él, cuando calificaba, procuraba estar seguro de que sus alumnos iban progresando en función de lo que se les exigía y cimentando sus conocimientos. Esa, y no otra, era la razón de calificarlos de esa manera.

Y puestos a pasar revista a un sistema educativo cada vez más caduco, sostengo que todos los estudiantes deberían salir del Bachillerato sabiendo cuáles son sus actitudes y su vocación. Se sientan en un pupitre a los tres años y se levantan de él a los dieciocho. Y en segundo de bachillerato son muchos los que no saben exactamente a qué quieren dedicar su vida porque nadie ha sido capaz de ayudarle en quince años a descubrir su vocación o sus actitudes.

Quince años, a seis horas al día durante 170 días al año, es una carga demasiado pesada para los alumnos que resisten ese periodo. El país que más premios Nobel ha recibido hasta la fecha, el Estado de Israel, obliga a los estudiantes que finalizan sus estudios de Secundaria y Bachillerato a servir militarmente al Estado por un tiempo de tres años para los varones y de dos años para las mujeres. Al finalizar ese periodo de servicio militar, los licenciados disfrutan de un año sabático que, con el salario obtenido en la mili, se permiten recorrer mundo y visitar los países que más les atraigan. Año sabático para que los estudiantes descansen, reflexionen y piensen que les interesa. En definitiva, en el país que más premios Nobel atesora, los estudiantes, después del periodo de enseñanza obligatoria, tardan cuatro años en iniciar sus estudios universitarios.

Vivimos en una sociedad que pelea por la igualdad entre hombres y mujeres. Afortunadamente, la mujer ha salido a la calle y tanto en sus formación como en su actividad laboral cada día se encuentra más asemejada a la vida profesional del hombre. La mujer salió a la calle pero el hombre no entró en el hogar. Ese hombre que desde que vino al mundo vio como sus madre se encargaba de alimentarle, asearle, vestirle, lavarle y plancharle la ropa e, incluso, cambiarle el pañal cada vez que sus necesidades fisiológicas lo delataban. Ya algo más mayorcito, la madre le bajaba el pantaloncito o la bragueta para que fuera aprendiendo a vivir sin pañales. Y el hombre, a medida que se fue haciendo mayor, aprendió a ponerse los calcetines y los zapatos y hasta a bajarse solito la cremallera del pantalón.

Del resto de las cosas no sacó provecho. No aprendió a lavar, ni a planchar, ni a cocinar, ni a barrer ni a fregar. Saben apretar el botón de puesta en marcha de su PC o de su smartphone, pero se muestran incapaces de saber qué botones hay que apretar en el lavavajillas. De tal manera que en muchísimos hogares, toda esa tarea, incluida la de llevar al niño al pediatra cuando tiene fiebre o mucha tos o dolores de oídos, sigue recayendo en la mujer. Muchas de ellas lo saben y sienten que lo tendrán que hacer en su hogar cuando se independicen con su pareja. Ahí radica la ausencia de mujeres en carreras como informática, copada por hombres (87% de varones), telecomunicaciones (77%), industriales (74%) y física (73%), siendo que las mujeres van más a la universidad (55% de las matriculaciones). Esa y no otra es la razón de la poca inclinación a las carreras científico-tecnológicas de las mujeres, tan capacitadas o más que sus compañeros varones.

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