Tribuna

María Cinta Ortega Flores

Primera y segunda

Aunque haya, quienes, ante el comentario, por cortesía o ética o buena práctica, lo hayan negado, cuando ha surgido el mismo, lo cierto es que siempre se ha hablado de hermandades de primera y de segunda. Que ¿no sería lo adecuado? pues evidentemente no, pero es una realidad latente la existencia de esa “primera y segunda” en nuestras hermandades.

Y en la guerra por ascender a primera, vemos a “esas de segunda” tratando de incrementar su patrimonio o de enriquecerlo, según manifiestan, desechando “todo lo anterior”, ya se estime que “eso anterior”, que se rechaza, sea de mejor o de peor calidad. Claro que, por los que se suponen expertos, siempre se considera “malo todo lo que viene de antes”, porque “mucho de lo anterior” no tiene “nombre propio”, entiéndase, autor de reconocido prestigio, y porque “los antiguos no entendían”.

Y, ciertamente, sí existen bienes en nuestras hermandades cuya permuta sería adecuada, pero seguro que no tantos, como cambios se lleva a fin, alegando su escasa calidad. El caso es, que en esa guerra por “patrimonializar”, al final, más de una vez, se olvidan del patrimonio más importante, el humano.

Pues bien, ese “ser de primera”, se ve en situaciones tales como por ejemplo, en el hecho de que la opinión del hermano mayor de esa determinada hermandad pueda ser más influyente que la del hermano mayor de “esas otras de segunda” o en la existencia de encubiertos privilegios que, de manera disimulada salen a la luz. Y, por lo general, esos privilegios, como digo, se han puesto en funcionamiento sigilosamente, casi, como, siendo algo natural, pero últimamente estamos asistiendo a la concesión de un privilegio sin ningún tipo de simulación, privilegio que no es otro que esa nueva concesión, por tercer año, a la Hermandad del Nazareno para volver a no realizar Carrera Oficial, amparado en esa supuesta inseguridad. Por la existencia dicho privilegio se está ya cuestionando, abiertamente, tanto a la voz autorizada que lo concede, como en otro orden, a nuestros cuerpos policiales. Claro que, respecto a estos últimos hemos podido conocer la opinión de Enrique Gaviño, quien ha desmentido esa falta de seguridad, apuntando que, si cabe, la seguridad con respecto a esa hermandad es mayor y ha alegado que, el hablar tanto de la falta de seguridad puede atraer a la misma. Afirmación que, desde mi posición de ciudadana, no pongo en duda, sino todo lo contrario, y entiendo, algo preocupante, porque sería lastimoso que por querer cumplir su deseo de no realizar Carrera Oficial, amparándose en una causa incierta y tantas veces repetida, se pudiera atraer a algún que otro, digamos, “maleante” que quisiera dar cobijo a esa inseguridad.

Y es curioso, que ante esa nueva dispensa, lo que se escuche por parte de los partidarios de que el Nazareno no realice Carrera Oficial, sean, mayoritariamente, comentarios tales, como: “Como debe ser, como ha sido siempre, sin realizar Carrera Oficial”. Y lo más curioso es que algunas de esas voces son las que piden cambios, porque “aquí, en Huelva, antes no se sabía”. Pues sí, en este tema, igual, “antes no se sabía”, pero “ahora que se supone que sabemos” adoptemos la postura adecuada, porque esa situación generaba y genera desigualdad con respecto a las otras hermandades. Y por todos es sabido que la igualdad de derechos y obligaciones es lo deseable. Sin querer, he vuelto al tema de “la Carrera Oficial del Nazareno”, pero es que el tema da para mucho… Valga este dicho: “Por salirnos con la nuestra no podemos utilizar cualquier medio y a cualquier precio”.

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