Tribuna

Lupe Gallardo

Miradas indiscretas

Hoy mi reflexión fluye en dos vertientes; por un lado, de agradecimiento por la labor realizada por los medios de información y comunicación, y por otra parte una crítica a lo que vemos, pero esta es como siempre por mi condición inconformista y constructiva.

Lo primero es felicitar a esos medios que con tanto cariño nos retransmiten las procesiones y actos cofrades que se realizan en nuestra ciudad y fuera de ella, y que de otro modo no podrían ver aquellos que están lejos de nuestras fronteras por motivos laborales, impedidos, enfermos, acompañantes de estos y un largo etc. Os hablo con conocimiento de causa, pues el año pasado por motivos personales no pude ni asistir al pregón ni ver las procesiones en la calle. No podría haber visto el transcurrir de ese su camino, pero fue gracias a los medios como pude ver lo que se cocía en nuestras calles en la Semana Mayor de mi ciudad. Desde salidas, carrera oficial, recogidas a momentos únicos e irrepetibles de esos que suceden cada año y hacen de cada Semana Santa tan igual y tan diferente al mismo tiempo. Desde estas líneas un profundo agradecimiento, pues con vuestra profesionalidad hacéis llegar de corazón a corazón los latidos propios que sentimos los cofrades, hacéis llegar la música celestial para los oídos, imágenes que parecen que están a tu lado en el salón de casa, e incluso vienen a nuestra memoria el aroma de azahar e incienso que impregnan nuestras calles por primavera.

Como ya he expresado, a través de la pequeña pantalla nos llega lo bueno, lo mejor, pero también nos llega lo menos bueno y en ocasiones lo peor.

Presidencias que hablan sin parar, que no se encuentran bien colocados, mayores y algunos no tan niños con morriones subidos, comiendo, fumando, haciéndose selfies, incluso actitudes poco ortodoxas para el lugar donde nos encontramos. Con esto quiero decir que debemos cuidar nuestra compostura, que por otro lado seria nuestra obligación, la correcta, pues eso es lo que ven los espectadores que, desde sus casas, observan el poco respeto a nuestros titulares, al hábito nazareno que llevamos y por nuestro verdadero sentido de lo que estamos haciendo, llegando a veces a parecer un pase de modelos mal entendido. Y que decir cuando vamos a cara descubierta. Un ejemplo podría ser el pasado vía crucis del Consejo, éramos testigos de charlas que debían “ser muy interesantes” o acompañantes que “acompañaban” a integrantes del cortejo, dando por momentos poca solemnidad al acto piadoso que acontecía.

Amén de las redes sociales que a veces son cámara indiscreta, pero testigo fidedigno de lo que realizamos mal, nazarenos fuera del cortejo con copas de cerveza, fumando, y todo a la vista del ojo avizor, y que están dispuesto por unos pocos likes y para fomentar discusiones malintencionadas a colgar instantáneas en las redes.

Señoras y señores seamos conscientes de dónde vamos y qué hacemos, pues nadie nos obliga a realizar estación de penitencia, porque es eso, penitencia, y no un paseo por nuestra siempre vieja Onuba. Debemos saber y trasmitir que no se trata de un juego ni un puro postureo, se trata de nuestra fe, de nuestra pasión, una muestra de nuestra labor catequética y evangelizadora. No olvidemos el verdadero sentido de sacar imágenes a la calle, pero no solo tirón de orejas al cortejo de nazarenos sino también a los acompañantes ya sea de instituciones públicas, privadas o los mismos representantes de la Iglesia, que deben saber que después, en la tele, no salen bien parados. Respetando nos haremos respetar.

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