Tribuna

José Antonio Vieira Roldán

Mañanas de Domingo de Ramos

Pasan tan deprisa, que no nos damos cuenta de lo bellas que son. Las mañanas de los días de Semana Santa se sienten ruborizadas ante lo sublime de la tarde, donde todo tiene lugar. Pero de todas las mañanas, la del Domingo de Ramos es especial.

Da la sensación, de que se trata de la mañana de todas las mañanas, pues en ella, se da esa mágica dualidad, donde se mezcla lo novedoso de lo que empieza con la sensación de que todo empieza a terminar.

La mañana del Domingo de Ramos es un momento en el cual, salimos al encuentro de los primeros aromas primaverales, visitamos los pasos en las iglesias, ya dispuestos para procesionar por la tarde, sentimos la paz de esas calles, que en la tarde serán cubiertas por la emoción, disfrutamos del sonido de las sillas colocándose en Carrera Oficial y que tanto nos desagrada al recogerlas, cuando finaliza el Viernes Santo. Es una mañana marcada por la solemnidad de la misa de palma y por esos ramos de olivos en las solapas de los trajes.

Ramas de olivos, que por las calles se ofrecen al salir de misa, como si fuera la cera que un nazareno da a un niño, cuando alguien lo pide. –¿Me das una matita de olivo para llevar a casa?–. Y claro que se da.

Mañana de flamear de palmas de Hosannas catedralicias y de repicar solemne de campanas. Grandezas de la mañana del Domingo de Ramos. Se parece esta mañana dominical, a la de un Día de Reyes Magos, donde todo es ilusionante tras tan larga espera. La primera visita siempre a la ventana de nuestras casas, para ver cómo el cielo azul y cómplice nos regala una explosión de belleza y de luz. Y es que el cielo de Huelva es hermoso con sus cerúleos matices y con la infinitud de su inmensidad. En la mañana del Domingo de Ramos todo parece renovado, ya lo dice el adagio popular “Domingo de Ramos, quien no estrena se les cae las manos”.

La mañana del Domingo de Ramos es una jornada de risas, de saludos, de caminatas enloquecidas para ultimar ese último detalle. Mañana de leer en las páginas de los periódicos, eso que todos sabemos, pero que nos gusta leer.

Mañana de quedada con amigos para ver las cofradías en esos punto de siempre. Mañana de familias, de encuentros como en Navidad, de esos que el destino hizo que se alejaran de Huelva y que la tradición y la fe a los Titulares de su hermandad los vuelven a traer. Mañana de espera impaciente aguardando que llegue esa hora, donde todo comienza.

Lo cierto y verdad es que junto con las mañana del Viernes Santo, la mañana del Domingo de Ramos no finaliza al llegar el mediodía; si la mañana del Viernes Santo termina cuando el Nazareno y su Madre de la Amargura llegan a la Concepción, la mañana del Domingo de Ramos termina cuando se tiene esa única e inigualable visión de ese primer nazareno. Ese nazareno, que se convierte en esa Cruz de Guía en el itinerario de las emociones. Los límites de las mañanas de los días de Semana Santa no los marcan las horas, sino las sensaciones. Así es.

La mañana del Domingo de Ramos; es hermosa por su sencillez. Es una jornada excelsa y única en nuestra Semana Santa, la cual, se hace pregonera para anunciarnos a todos, con su voz de siempre, ese particular Shemá Huelva, Escucha Huelva, los días santos de la Semana Santa ya comienzan.

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