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Tribuna

Ezequiel martínez

Periodista, máster en Educación Ambiental

Sobre Educación Ambiental

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Sobre Educación Ambiental / rOSELL

Recientemente fui a un colegio de Dos Hermanas, Sevilla, el Antonio Gala, invitado por el profesor David Postigo, para dar una charla-conferencia a los alumnos de Segundo de ESO (12-13 años) sobre Medio Ambiente y Cambio Climático. Al poco de ponerme a hablar sobre cambio climático, un alumno levantó la mano y expuso que no había pruebas sobre el cambio climático y que el deshielo de los polos era bueno porque así tendremos más agua. Tras oírle atentamente le contesté: ¡Creo que podré darte argumentos y respuestas a tus dudas! En el aula había cerca de 60 alumnas y alumnos que siguieron con atención mi exposición. Las dudas que me planteó el alumno me hicieron pensar que a pesar de los esfuerzos que se realizan desde los medios de comunicación y desde la pedagogia y educación en las escuelas, y supongo en el seno de las familias, el negacionismo sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, al despertar de un mal sueño.

Según relata Yuval Harari en Sapiens, hacia 12.000 a.C., el calentamiento global fundió los glaciares que bloqueaban el camino desde Alaska hacia el resto de América del Norte y por ese corredor el ser humano se desplazó hacia el sur. Hacia 10.000 a.C., los humanos ya habitaban la Tierra del Fuego, hoy Argentina, la parte más meridional del continente americano. En mi respuesta señalé al alumno que en enero de 2008, varios miembros de Tierra y Mar de Canal Sur TV, viajamos a Dinamarca y a Groenlandia para comprobar lo que los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas nos venían anunciando desde bastantes años atrás. En ese viaje entrevistamos a científicos daneses y nos confirmaron el retroceso de los glaciares en Groenlandia. En ese viaje entrevisté en Copenhague a la ministra de Medio Ambiente danesa Connie Hedegaard, que años más tarde sería Comisaria de Medio Ambiente de la UE. La ministra nos dijo que un tercio de la población de Copenhague utilizaba la bici en sus desplazamientos, y que para 2025, su país utilizaría un 30% de la energía renovable, tal como recojo en el libro S.O.S. Emergencia climática. Según las previsiones, Dinamarca que es líder mundial en energía eólica, llegará casi al 100% de generación renovable en 2030, y se ha comprometido a reducir las emisiones de GEI (Gases de Efecto invernadero) en un 50% para 2030, respecto a 2005. Eso si que es comprometerse ante la amenaza del cambio climático. En España, en 2030, se espera llegar a un 42% de renovables sobre el uso final de la energía, y un 23% de reducción de emisiones de GEI, respecto a 1990, según se detalla en el Plan Nacional Integrado de Energía y clima 2021-2030 (BOE, 31 marzo 2021). En el colegio Antonio Gala, conté a los alumnos que en 2015 hice un viaje a la Patagonia y al Parque Nacional de los Glaciares en la parte más austral de Argentina y Chile y del continente americano. Y allí ante el glaciar Upsala y ante el Perito Moreno, los técnicos nos confirmaron el retroceso de los glaciares, en los últimos años. En marzo de 2022, una plataforma de 1.200 km2, como dos veces el tamaño de la ciudad de Madrid se desgajó en el glaciar Conger, al Este de la Antártida, fragmentándose en cientos, acaso miles, de icebergs que navegan por el océano antártico. Según el Centro Nacional del hielo de EEUU, el mayor de esos múltiple icebergs, el C-8 tenía una superficie de 320 km2. Según los científicos una ola de calor en marzo en la que se registraron diferencias de hasta 40ºC sobre las temperaturas habituales, habría originado el colapso o reventón. En el círculo polar ártico, el archipiélago noruego de las Svalbard, a unos mil kilómetros del Polo Norte, y con 1.500 glaciares está experimentando un retroceso y pérdida de masa de hielo de los glaciares. Los nativos recuerdan que el 25 de julio de 2020, la temperatura alcanzó los 21,7 ºC, las temperatura más alta en Svalbard, desde que hay registros. Al iniciar la clase mostré mi smartphone, le quité el sonido y lo dejé sobre la mesa, e invité a las chicas y chicos a que mantuvieran sus móviles en silencio y sin prestarles atención durante la clase; les hablé del peligro de la adicción a según qué cosas, y de la necesidad de ahorrar agua en el uso de la ducha. Alerté sobre el despilfarro de un bien escaso y necesario para la vida. Y les di algún dato, que les dejó asombrados. Para comernos un kilo de carne de buey o ternera, se emplean 15.000 litros de agua. Para producir una naranja, 50 litros. Hablé del aumento de la obesidad y de la conveniencia de aplicar la dieta mediterránea, lácteos, pan, pasta, huevos, pescado, carnes, verduras, frutas y hortalizas, a ser posible ecológicas, pues Andalucía lidera la producción ecológica en España. Les animé a reciclar convenientemente. Les informé de que un árbol promedio absorbe entre 10 y 50 kgs de C02 al año, y que la Fundación Savia de la que soy patrono, tiene una campaña "Un nacimiento, un árbol" que ya han puesto en marcha más de 70 Ayuntamientos andaluces. Por cada niño que nace se planta un árbol en el pueblo, y en algunos casos, se obsequia a los padres con un cheque-bebé. La Educación ambiental promueve aclarar conceptos y desarrollar actitudes para una convivencia armoniosa entre los seres humanos y su relación con la cultura, la economía y la Naturaleza.

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