La locomotora europea da el primer aviso

La economía alemana se contrajo una décima el segundo trimestre, con lo que se confirma que la considerada como locomotora de Europa comienza a dar signos de un ciclo agotado. Ya a finales de 2018 registró un crecimiento de cero y sólo una mejoría en el primer trimestre de este año la salvó de la recesión técnica. Las causas están bien claras. El problema está en el sector exterior, vapuleado por la guerra comercial entre China y Estados Unidos y la incertidumbre de un Brexit abrupto. El consumo de las familias alemanas se mantiene bien, así como su poderoso mercado de trabajo (casi en pleno empleo), pero Alemania es un país claramente exportador, que está encajando las graves incertidumbres que padece el mercado global. Alemania ha vivido una década dorada gracias a las reformas estructurales, al auge de la globalización y a una política monetaria expansiva. Esto es lo que parece que se agota, de ahí que muchos actores económicos estén pidiendo un esfuerzo inversor al Gobierno federal, una acción que se puede permitir porque el endeudamiento es bajo. Para el resto de Europa y España, en particular, es un dato muy preocupante. No sólo es Alemania, el Reino Unido también ha tenido un crecimiento negativo en el segundo trimestre e Italia no sale de su encefalograma plano; prácticamente, está en recesión continua. Esto ha hecho que el crecimiento en el conjunto de la UE haya sido sólo del 0,2% en este segundo trimestre, dos décimas menos que en el anterior. La economía española creció el 0,5% en el tramo de abril a junio, pero, a diferencia de lo que le ha ocurrido a Alemania, nuestro mercado laboral sigue siendo débil y desigual, y las consecuencias de la crisis económica aún no se han resuelto. Sólo ha sido ahora cuando España está saliendo del procedimiento de déficit excesivo que gestiona Bruselas. Ante estas perspectivas, no sólo es necesario que España cuente cuanto antes con un Gobierno, sino que es imperativo que adopte medidas para una previsible caída del sector exterior, ya que dos de nuestros grandes compradores, el Reino Unido y Alemania, van a tener problemas en los próximos meses. No sólo se necesita que haya un presidente elegido en una sesión de investidura, sino una alianza parlamentaria que permita encarar una legislatura y varios presupuestos. España no se puede permitir entrar en esta fase de la economía europea con un Gobierno débil y con una caducidad marcada desde el principio, sin margen de actuación o condicionado por una izquierda miope ante tales retos.

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