Un decreto a la espera de Londres

Los empresarios andaluces, y los de Cádiz en particular, temen que el Brexit perjudique seriamente los intercambios comerciales entre España y el Reino Unido por razones obvias. La pérdida de fluidez en la Verja de Gibraltar se da por segura, así como la caída del turismo y de la actividad financiera, por lo que las consecuencias serán de gran calado. El Gobierno, para salvaguardar sus intereses, ha tratado de reaccionar in extremis con un plan de contingencia que anuncia nuevos permisos a unos 400.000 británicos si el Reino Unido abandona la UE de manera abrupta y ese colectivo queda en un limbo. Es una de las propuestas con mayor repercusión, pero con cierto sesgo electoralista, porque seguimos sin saber nada de lo que opinan en Londres, y todas las medidas impulsadas a fin de mantener la situación actual de empresas y ciudadanos británicos en España están condicionadas a un que Reino Unido aplique el mismo trato a España. Si no se produce una salida pactada, los problemas se acentuarán, principalmente, para las empresas exportadoras que comercializan con el Reino Unido, tercer destino de los intercambios en el caso de Cádiz en la actualidad, y cuarto en el conjunto andaluz. Los afectados aún no conocen qué tramites tendrán que superar en los pasos fronterizos a partir del 30 de marzo y si se da un Brexit duro, cambiarán todos los impuestos a los que están sujetos todas las compañías exportadoras. Todo ello redundará en una ralentización de la actividad para las comercializadoras de las mercancías en las aduanas, hasta que el Reino Unido no defina su marco de salida. Por su parte, también Gibraltar tendrá que asumir los mismos retos, teniendo presente que la UE, tras su desvinculación, podría incluir al Peñón dentro del listado de paraísos fiscales, lo que llevaría a extremar el control sobre las relaciones comerciales y financieras. Si no cabe duda de que las relaciones económicas entre ambos países se verían muy afectadas en el peor de los escenarios -no en vano cuantitativamente son de las que tienen mayor peso en el seno de la UE-, las consecuencias serían más graves para el Campo de Gibraltar y la provincia gaditana en su conjunto, dada su cercanía geográfica. El impacto negativo contagiaría a los transportes, la emigración, el turismo, la banca, las inversiones británicas, las exportaciones y, entre otras muchas actividades, el turismo. Por tanto, el plan de contingencia del Brexit, para que no se convierta en un brindis al sol y efectivamente logre paliar los efectos de la salida del Reino Unido, tendría que haber sido fruto de una negociación seria con Londres y Bruselas, y no a través de un decreto aprobado en el último Consejo de Ministros de un Gobierno en clara minoría parlamentaria a las puertas de las elecciones.

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