El círculo vicioso de la presión fiscal

Una información publicada ayer por este periódico nos dejaba un titular que, al menos, se puede considerar preocupante: Andalucía se sitúa entre las regiones con mayor presión fiscal de España, con una recaudación impositiva que asciende al 34,6% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). En concreto, nuestra comunidad autónoma es la cuarta región española que sufre más los impuestos, sólo superada por Asturias, Cantabria y Extremadura. En general, la información -elaborada a partir de las balanzas fiscales- desvela algo que puede resultar paradójico: por lo general, son las regiones españolas más pobres las que sufren una mayor presión fiscal, algo que se debe fundamentalmente a la importancia de los impuestos indirectos, que, como se sabe, afectan por igual a todos los ciudadanos, independientemente de su renta. Andalucía, al tener menor renta, sufre más los impuestos como el IVA, que se cobran por igual a todos. Sin embargo, Madrid, Cataluña, País Vasco y Navarra -las autonomías más ricas de España- son las que menos presión fiscal sufren.

Paralelamente, la información demuestra cómo son los ciudadanos andaluces los que más sufren el esfuerzo fiscal por habitante, índice que pone en relación la presión fiscal y la renta bruta por habitante. En esta cuestión, sólo somos superados por la comunidad autónoma de Extremadura. Una vez más, estamos ante una consecuencia de los bajos ingresos per cápita de los andaluces.

Ambos datos, presión fiscal y esfuerzo fiscal por habitante, nos colocan en un paisaje difícil y hostil que no incentiva ni el consumo ni el emprendimiento, dos de los motores más claros de la creación de empleo, que, como todo el mundo sabe, es uno de los principales problemas de una comunidad autónoma, la nuestra, que tiene una tasa de paro de más del 28%, según la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2016.

Estamos, pues, ante un círculo vicioso: a más pobreza, más presión fiscal; a más presión fiscal, más pobreza. La única manera, pues, de romper este círculo vicioso es crear las condiciones para favorecer la creación de empresas y el consumo en Andalucía. En este sentido, la fiscalidad puede ayudar de dos maneras: no castigando fiscalmente a las empresas y buscar en lo posible la progresividad en los impuestos de los ciudadanos.

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