Una campaña electoral que será decisiva

Aunque en estos tiempos de saturación informativa y de exceso de debate público las campañas no pueden tener la importancia de antaño, la que ahora acaba de comenzar será decisiva en los resultados del próximo 28 de abril. Así lo señalan la gran mayoría de las encuestas y de los analistas políticos, que advierten de la gran cantidad de indecisos que, en mayor parte, serán los que decidirán el resultado final de los comicios. En general, la práctica totalidad de las encuestas dibujan tres posibles escenarios poselectorales: el llamado Gobierno Frankenstein (PSOE junto a Podemos y formaciones de corte independentista), una coalición formada por PSOE y Ciudadanos (aunque el líder de este último no ha dejado de repetir que nunca pactará con los socialistas) y un acuerdo de las derechas como en Andalucía (PP, Cs y Vox). Lo que parece ya prácticamente impensable es que uno de los dos grandes partidos que hasta la fecha se han repartido las legislaturas, PSOE y PP, obtenga una mayoría suficiente para gobernar en solitario. El bipartidismo parece estar herido de gravedad y la fragmentación parlamentaria -y por tanto la necesidad de llegar a acuerdos para gobernar- es la realidad política que se impone en España. No comprenderla sólo puede llevar a aumentar los graves problemas que sufrimos, entre ellos la crisis catalana. En este panorama de máxima competitividad entre los partidos (especialmente entre los que pertenecen a la misma tendencia ideológica, derecha o izquierda) es importante que todos hagan un esfuerzo de moderación. En los últimos meses hemos asistido a una escalada verbal que nada bueno puede traer. Los políticos deben ser responsables y, dentro del lógico y necesario debate y la contraposición de ideas y proyectos, tienen que ser conscientes de la responsabilidad a la que están obligados para garantizar la convivencia entre los ciudadanos. Unos políticos crispados y agresivos sólo traerán problemas a un país que lleva años en un tobogán político y social, que ha atravesado una crisis económica que ha dejado profundas heridas y que ha sufrido un órdago independentista que ha intentado romper su soberanía.

La campaña que ha comenzado será decisiva, pero es el momento de que nuestra clase política esté a la altura después de más de cuarenta años de democracia. Ahora toca debatir con madurez. Después del 28 de abril será el tiempo de pactar con responsabilidad.

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