Menos antibióticos, más vida

El Programa integral de prevención y control de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria y uso apropiado de los antimicrobianos (Pirasoa) ha conseguido, en apenas cuatro años, rebajar un 21% el consumo de antibióticos en los centros de Atención Primaria de Andalucía, lo que puede considerarse todo un éxito de nuestro sistema de salud público. No es un tema menor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la excesiva prescripción de antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud mundial. Las cifras son muy preocupantes: anualmente mueren más de 700.000 personas en el mundo por la aparición de superbacterias resistentes a los antibióticos (un problema derivado del abuso de estos medicamentos) y la previsión para 2050 es que esta cifra se eleve a 10 millones, un panorama verdaderamente escalofriante.

El descubrimiento y desarrollo de los antibióticos fue uno de los mayores avances médicos de la historia. Gracias a ellos se consiguió controlar (y prácticamente extinguir) las altísimas mortandades que antiguamente se producían durante epidemias como la peste negra. De hecho, durante un tiempo, los científicos llegaron a pensar que las enfermedades infecciosas eran ya cosa del pasado. Sin embargo, el abuso de estos antimicrobianos ha hecho que algunas bacterias hayan evolucionado desarrollando mecanismos que les hacen invulnerables a sus efectos. Son las ya mencionadas superbacterias, las que quitan el sueño a la comunidad médica internacional.

Frente a esta amenaza sólo hay dos caminos. La investigación para buscar nuevos y más potentes antimicrobianos que hagan frente a estas bacterias resistentes y la reducción lo más drástica posible del consumo de estos medicamentos, con el fin de no seguir aumentando el problema. La comunidad médica ya está muy concienciada, de ahí los datos positivos que citábamos al principio, pero hay que seguir avanzando. Sobre todo, debemos evitar la automedicación y completar los tratamientos. Es una triste costumbre que algunos enfermos consuman antibióticos sin ni siquiera consultar al médico -cuando muchas veces las enfermedades son de origen vírico y, por tanto, estos medicamentos no surten ningún efecto- o que, cuando experimentan una mejoría, dejen el tratamiento sin tomar todas las dosis recetadas por el doctor, lo que a la larga se convierte en algo perjudicial. Estamos en una lucha en la que la actitud de todos los ciudadanos, no sólo de los profesionales de la sanidad, es fundamental para alcanzar resultados.

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