Victoria y derrota de la huelga feminista

La huelga feminista convocada para hoy cosechará a partes iguales una importante victoria y una desoladora derrota. El éxito no es otro que, independientemente del seguimiento que tenga hoy este paro, las convocantes han conseguido una importante victoria situando sus reivindicaciones en el centro del debate público. Durante estos días -y probablemente durante los próximos-, las feministas han marcado la agenda política de España. Sin embargo, y he aquí la otra cara, las convocantes de este paro de 24 horas, la Comisión 8-M y el sindicato CGT, no han logrado el apoyo unánime del colectivo de mujeres, pese a la aparente justicia de sus reivindicaciones. Los sindicatos CCOO, UGT y USO se han limitado a animar un paro de sólo dos horas y su apoyo a las manifestaciones que se desarrollarán en todo el país, pero, sobre todo, no han sido pocas las voces femeninas de distintos ámbitos (políticos, culturales, artísticos, etcétera) que han manifestado su oposición a dicha convocatoria (a tiempo completo o por horas). Durante estos días, los medios de comunicación han sido testigos de este intenso debate entre mujeres, lo cual nos indica que una parte no desdeñable de éstas no se sienten representadas por ese conglomerado de asociaciones feministas que es Comisión 8-M. ¿Se debe esta oposición a que estas mujeres se oponen a las principales reivindicaciones, tales como la igualdad de derechos y oportunidades en la vida laboral y familiar o la oposición a la violencia machista? Evidentemente, no. Muchas de las mujeres que se han opuesto a la huelga tienen a sus espaldas una brillante carrera profesional y conocen mejor que nadie los problemas añadidos que tiene que vencer una mujer en todos los ámbitos por el simple hecho de su sexo. Sin embargo, éstas se quejan en gran medida de que la protesta ha sido capitalizada por unos movimientos radicales -sólo hay que leer el manifiesto de la huelga para saber de lo que hablamos- en los que no se sienten ni mucho menos representadas.

La huelga convocada para hoy es un derecho y, sobre el papel, sobran las razones para secundarla. La brecha salarial es un hecho estadísticamente irrefutable y la desigualdad en el ámbito doméstico sigue siendo, pese a lo mucho que se ha avanzado, algo completamente real. Pero el apoyo a la convocatoria hubiese sido mucho mayor en el propio sector femenino si se hubiesen evitado ciertas exageraciones del sector feminista más radical.

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