El PP, la hora de la catarsis

El PP afronta hoy, por primera vez en su historia desde que luce con estas siglas, unas elecciones primarias para decidir quién será la persona que deberá liderar la travesía del desierto una vez desalojado del Gobierno, inesperadamente, por la moción de censura de Pedro Sánchez. Como suele pasar, la pérdida del poder ha dejado noqueado, dividido y enfrentado a un PP que desde hace tiempo arrastra problemas importantes, como son los numerosos casos de corrupción que han proliferado en sus filas o la dramática pérdida de electorado -eso es lo que dicen las encuestas- en favor de Ciudadanos, una joven formación que seduce con fuerza a los jóvenes del espectro del centro-derecha español. Las primarias del PP de hoy son muy necesarias. En primer lugar porque era una anomalía y un anacronismo del PP el desprecio mostrado hasta la fecha por la democracia interna, algo que las nuevas generaciones, independientemente de su orientación ideológica, no están dispuestas a tolerar. En segundo lugar, porque las primarias facilitan el proceso catárquico que debe afrontar un partido cuando necesita, como es el caso, una urgente regeneración. Sólo aflorando las diferentes facciones y ambiciones individuales, y enfrentándolas con luz y taquígrafos, se puede lograr esa limpieza a fondo que la psicología colectiva del PP necesita.

Pero, más allá de la lectura en clave interna, las primarias del PP también son muy necesarias para el buen funcionamiento de la vida política española. Hasta que se demuestre lo contrario, el PP es el partido de referencia de los amplísimos sectores de la sociedad española que se sienten identificados con las distintas familias que cohabitan en el centro-derecha. Como cualquier democracia que se precie, la española necesita de un partido liberal-conservador fuerte que dé salida a las aspiraciones políticas de estas capas de la población.

En este proceso se han echado de menos los debates entre los candidatos que hubiesen permitido comprender a los militantes y a los ciudadanos en general los posicionamientos ideológicos de cada uno de los aspirantes, especialmente de los tres que tienen más posibilidades: Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y Pablo Casado. En este aspecto, el PP todavía tiene mucho que aprender y mejorar como organización.

El PP vive el que quizás es el peor momento de su existencia y es bueno que la regeneración venga por la vía de las urnas. Lo importante es que una vez que los militantes hayan hablado, todo el partido apoye al nuevo líder y reme en la reconstrucción de la organización. Lo contrario sería un auténtico suicidio político.

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