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El Gobierno culpa a los demás de sus errores

Después del enorme y generalizado rechazo social y político provocado por el acuerdo entre los partidos del Gobierno y EH Bildu para la derogación de la reforma laboral, el Ejecutivo intentó ayer una burda defensa culpando al PP de haberle echado a los brazos del partido independentista y radical vasco, al haberse negado éste a apoyar la quinta prórroga del estado de alarma. El argumento es claramente tramposo, pues, como se ha demostrado, el Ejecutivo no necesitaba las abstenciones ni de Bildu ni del PP para lograr dicha prórroga, ya que contaba con el apoyo de Ciudadanos y PNV. Tampoco son aceptables otros argumentos justificativos del Gobierno, como que la derogación de la reforma laboral es un compromiso electoral del propio presidente Sánchez. En primer lugar porque para llevar a cabo dicho compromiso no necesitaba de una maniobra tan arriesgada y que provoca tanto rechazo entre los ciudadanos españoles, independientemente de sus opciones políticas. En segundo, porque Pedro Sánchez también tenía el compromiso en firme de no pactar nunca con Bildu. ¿Por qué cumplir una promesa y no otra?

Culpar al PP de su pacto con Bildu sólo muestra la impotencia del Ejecutivo para generar una justificación creíble de su inmenso error, que ha provocado una tormenta dentro del propio Consejo de Ministros y en el propio PSOE, que vuelve a estar dividido entre sanchistas y antisanchistas. El PP puede haber cometido errores durante esta crisis, pero no es desde luego responsable de las alianzas indeseables de Sánchez e Iglesias. En vez de buscar argumentos averiados, al Ejecutivo le convendría más bien reconocer su error e intentar enmendarlo cuanto antes, entre otras cosas exigiendo responsabilidades políticas a quien sea necesario.

Por otra parte, habría que hacer una reflexión sobre el estado de crispación que, supuestamente, se vive en las calles de España. Bien observadas, las manifestaciones tanto en contra como a favor del Gobierno son minoritarias, pero con un gran impacto mediático. Una vez más, son las redes sociales las que están generando un estado de malestar y de odio cuyas consecuencias finales nunca son predecibles del todo. Hay que hacer un llamamiento a la calma y al sosiego. Tiempo habrá de ir a las urnas para que los ciudadanos validen o no las políticas del Gobierno. También es tiempo de seguir cumpliendo las medidas sanitarias para evitar la propagación del coronavirus. Manifestarse es lícito, pero sin poner en peligro la propia salud ni la de los demás.

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