Un Gobierno con claro acento femenino

Después de dos días en los que los nuevos ministros han ido trascendiendo poco a poco, Pedro Sánchez dio a conocer la composición definitiva de su Gobierno tras comunicárselo previamente al Rey. En general, como ya hemos comentado, el nuevo Ejecutivo está compuesto por personas sobradamente capacitadas y no se pueden poner muchos peros a los ministros elegidos, casi todos ellos con una larga trayectoria profesional y de servicio público muy contrastada. Pero, sobre todo, el nuevo Ejecutivo sorprende por el importantísimo papel de las mujeres, que, en total, ocupan 11 de los 17 ministerios, lo que supera con mucho el objetivo de paridad al que se había comprometido el presidente Sánchez. Nunca en la historia de España había existido un Gobierno con una presencia femenina tan contundente.

Este carácter femenino del Ejecutivo no es sólo cuantitativo, sino también cualitativo. En primer lugar, como ya hemos asegurado, porque la única vicepresidenta, Carmen Calvo, es mujer, pero también porque muchas de las carteras más importantes (se quiera reconocer o no, en los ministerios también hay clases) están en manos femeninas. Mujeres son las ministras de Hacienda (María Jesús Montero), Economía (Nadia Calviño), Defensa con CNI incluido (Margarita Robles) o Justicia (Dolores Delgado), por poner sólo algunos ejemplos.

El PSOE, es indudable, es un partido que desde hace tiempo tiene un compromiso explícito y sincero con la igualdad de género, pero esta contundente presencia de la mujer en el Ejecutivo nunca se hubiese producido sin las masivas manifestaciones feministas del pasado 8 de marzo, una movilización que ya está dando sus primeros frutos y que, probablemente, ha cambiado para siempre la mentalidad de los españoles en los aspectos relacionados con la igualdad de género. Pedro Sánchez ha sido sensible al clamor de la calle y eso siempre es positivo en un gobernante.

Configurado el Gobierno, el nuevo presidente tiene ahora la obligación de ponerse sin dilación a trabajar para afrontar los grandes problemas del país: la recuperación económica, el empleo, la rebelión catalana, la financiación autonómica, la ausencia de un modelo educativo consensuado... asuntos que, evidentemente, no se solucionarán en los dos años que, como mucho, durará el Ejecutivo, pero que tienen que ser atendidos con acierto.

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