Flamenco frente a los prejuicios

La gestión cultural que lidera el Instituto Andaluz del Flamenco es cada vez más ambiciosa, como se vio el viernes durante Día Mundial del Flamenco, que conmemora la decisión de la Unesco de declarar al flamenco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, con actividades por toda la comunidad. Su ánimo por divulgar y promocionar el flamenco y sus códigos musicales en todos los ámbitos y para todos los públicos cada día va a más. También hay que reconocer el esfuerzo inversor del Gobierno andaluz en proyectos como los museos de Camarón, en San Fernando, y el del Flamenco de Andalucía, en Jerez, llamados a transformar su entorno y a potenciar el turismo. Y no es menos importante el respaldo de dicho Instituto a la Bienal de Flamenco y tradicionalmente a otras muchas muestras también en el exterior. El Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, necesitado de un claro revulsivo en el que se está trabajando, lleva años en paralelo volcado en la investigación, recuperación, enseñanza y divulgación de todos los valores del más profundo acervo andaluz. Y son dignos de mención los pasos ofrecidos por universidades como la de Cádiz, que acaba de impulsar el primer máster oficial universitario destinado a profundizar en el análisis del flamenco, para proteger su legado desde el conocimiento y la educación con mayúsculas.

Aun así, la campaña de la Fundación Rei Jaume I, que después de lanzarla se ha visto obligada a pedir disculpas, ha vuelto a poner de manifiesto hasta qué punto es necesario seguir trabajando para que el flamenco sea reconocido como el arte que mejor representa a nuestro país en el extranjero y no como un mero tópico. La Administración central tendría que ser la primera en velar por los valores de cuantas manifestaciones artísticas sean exponentes del flamenco. Y desde el Ministerio de Cultura se le podría mostrar mucho más respeto con un reconocimiento especial del que aún no disfruta, por culpa de los prejuicios que no logramos quitarnos de encima. Muchos ven todavía hoy en el flamenco una suerte de improvisación y ángel, y hay una cierta resistencia a verlo de otra manera porque, como sostienen artistas como María Pagés, cuesta reconocer que además es trabajo intelectual y de investigación.

La otra gran asignatura pendiente es generar a su alrededor una industria cultural aún por florecer, que genere riqueza.Para ello es fundamental que la iniciativa privada y la pública empiecen a creer de verdad en su auténtico potencial como motor de desarrollo, algo que descubrieron hace décadas en un país tan lejano como Japón, y que aquí aún no acabamos de verlo por nuestra miopía severa.

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