Culminar la senda de la igualdad entre sexos

El movimiento feminista vuelve a convocar este 8 de marzo una nueva huelga para reivindicar la plena igualdad entre los hombres y las mujeres en todos los aspectos de la vida, tanto públicos como domésticos. La movilización se produce en un momento de gran tensión entre los partidos fomentada por la inminencia de las elecciones generales del próximo 28 de abril, lo que ha provocado inevitablemente que ésta se coloque en el centro del debate político nacional. En principio, nadie pone en duda los grandes principios de la movilización, que al fin y al cabo no son más que el cumplimiento de nuestra Constitución. Otra cosa son las interesadas maniobras políticas que se puedan ejecutar en torno a esta jornada de huelga, lo que ha provocado ya que partidos que representan a una parte muy importante de la población española, como el PP, hayan anunciado ya que no se sumarán a la misma.

El feminismo, cuya semilla se puede rastrear ya en la Ilustración, es uno de los grandes movimientos transformadores de nuestra época. Hacer oídos sordos a sus reivindicaciones es propio de países con graves carencias democráticas. Mientras más desarrollado económica, social y políticamente es un país, más avanzada está la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Otra cosa, claro está, son algunas extravagancias y radicalismos que no conectan con el sentir mayoritario de las mujeres que mañana se manifestarán por las calles de nuestras ciudades. Lo que quieren las ciudadanas es, simplemente, cobrar lo mismo que los hombres por el mismo trabajo y la misma cualificación y andar seguras por las calles sin la amenaza constante de una agresión sexual. La simpatía actual por el movimiento feminista entre la mayoría de las mujeres españolas parte de la constatación de un cierto estancamiento en el objetivo final de la igualdad total. Sería cicatero e injusto negar lo muchísimo que se ha avanzado en esta cuestión desde la llegada de la Democracia a España, pero también sería falso asegurar que, hoy por hoy, nuestro país es un lugar donde los hombres y las mujeres disfrutan de los mismos derechos de una manera plena y efectiva. Se necesitan medidas legales concretas que ayuden a culminar la senda emprendida y, sobre todo, una pedagogía para que todos comprendamos que el sexo de un ciudadano, como su religión o su raza, nunca puede ser un motivo de discriminación.

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