Compromiso con una Constitución muy vigente

Los principales poderes públicos participaron ayer en un acto conmemorativo que trasciende su simbolismo por el contexto de la situación actual que atraviesa el país. En la sede del Instituto Cervantes en Madrid, Felipe VI inició la lectura de la Constitución y dio paso a la princesa Leonor, que leyó el capítulo 1, y que, con 13 años, protagonizó la primera intervención pública como futura heredera del trono. En su lectura recordó que España es un Estado social y democrático de derecho, que la soberanía nacional reside en el pueblo y que la Monarquía parlamentaria es el modelo político que se acordó.

Se celebraba el 40 aniversario de la aprobación de la Carta Magna por parte de las Cortes Generales, que posteriormente refrendaría la ciudadanía en un referéndum el 6 de diciembre. Y la imagen sirvió para visualizar un cierre de filas ante la amenaza del independentismo catalán y los movimientos de Podemos en pro de instaurar la República. Por ejemplo con la mociones que ha promovido el partido morado para reprobar la figura del actual Rey. La Monarquía se ha situado en los últimos meses en un indeseado foco político, como si su esencia fuera la causante de los males que aquejan a la sociedad española. Por eso, la cita de ayer sirve para reafirmar el compromiso de los principales representantes institucionales con una forma de Estado que ha prestado servicios trascendentales justo cuando, en dos momentos cruciales de su todavía corta historia, la propia Ley de Leyes fue atacada. Como sucedió en el episodio del golpe de Estado del 23-F y la esperpéntica proclamación de la República catalana, en octubre de hace un año.

Es evidente que en el marco político actual se antoja imposible suscitar un debate sosegado sobre el futuro de la Constitución española que, sin embargo, se hace imprescindible acometer. Desde para eliminar anacronismos en la propia sucesión a la Jefatura del Estado, en la que se prima al varón sobre la mujer, hasta para cerrar las tensiones territoriales, que consumen una energía que debería destinarse a enfrentar otros desafíos en los que sí están en juego el futuro de los españoles ante esta era marcada por la globalización y los vertiginosos cambios tecnológicos. La Constitución sigue hoy plenamente vigente como instrumento que ha facilitado un periodo de convivencia y prosperidad desconocidos en la historia moderna de este vieja nación. Bueno será que se proclamen en voz alta sus virtudes ante los promotores de iniciativas que, en el fondo, persiguen liquidar el propio sistema.

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