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La vía Varoufakis

Para el país ha sido fatal que Sánchez y Rivera ignoraran la mayoría de 180 diputados que sumaban en abril de 2019

Hay una manera tremendista y provocadora de relacionarse con la Unión Europea. Da notoriedad a sus protagonistas, pero tiene un inconveniente: el recorrido corto de estas estrellas. Es la vía del griego Varoufakis, por la que ha optado el Gobierno español. El anuncio de un acuerdo casi clandestino para suprimir íntegramente la reforma laboral en plena pandemia le echa una mano a la intransigencia de Holanda y sus aliados frugales de los que se ha separado Alemania.

El gobierno progresista ha pactado la derogación con un grupo independentista vasco, que organiza homenajes a los asesinos de ETA cuando salen de prisión, para irritación de la sociedad española más allá de las ideologías. Lo hace un gobierno en minoría, en vísperas de decisiones trascendentales sobre centenares de miles de millones de euros de la UE, sin aviso previo a patronal y sindicatos, sin comunicarlo a sus socios o aliados circunstanciales, a cambio de una abstención de Bildu que no necesitaba para prolongar el estado de alarma.

¿Por qué? Probablemente por la perniciosa dependencia del marketing del jefe de Gobierno. Mientras hablamos de esto obviamos que tenemos todavía de setecientos a mil muertos semanales. La patronal española se ha levantado de la mesa para el diálogo social y los secretarios de UGT y CCOO no salían de su asombro la noche del miércoles. Es un desplante del dúo PSOE-Podemos a las instituciones europeas, pero al mismo tiempo un recado a ERC, su enfurruñado colega de moción de censura e investidura, que amenaza con cancelar la legislatura. Sánchez les demuestra que puede darse una vuelta por el lado peligroso, como Lou Reed, jugando a los dados con el estado de ánimo y la estabilidad del país.

El presidente ha usado muchos recursos de marketing: gadgets como gafas de sol de estética kennediana, ropa deportiva del gusto de Obama, y hasta un first dog como Roosevelt. Ahora que se ha puesto la chupa de cuero de Varoufakis, le falta una Yamaha 1.300 como la del enfant terrible ateniense, que duró 159 días como ministro de Finanzas de Tsipras. Sánchez, sin embargo, cumple dos años de primer ministro el 2 de junio. Ya supera en tres meses la duración del mandato de Calvo Sotelo. Ignorar, como hicieron él y Rivera, los 180 diputados que los españoles les dieron hace un año para hacer un gobierno moderado con mayoría parlamentaria, a Albert lo condenó al ostracismo y a Pedro le ha salido rentable, aunque esté todo el día en el alambre. Pero para el país ha sido fatal. La escasez de adultos en gobierno y oposición estimula el tremendismo.

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