En este tiempo en el umbral de la campaña electoral efectiva, puesto que estamos en permanente campaña durante legislaturas completas, de populismos enfervorizados en todas las formaciones políticas e instaladas en el tacticismo del corto plazo y sin pensar en elaborar listas con los mejores que garanticen no solo la inmediatez del éxito como ganador sino la capacidad de buen gobierno para beneficio de los ciudadanos.

En este tiempo de dominio absoluto del pragmatismo, de relativismos imperantes, de supremacismos ideológicos subjetivos que no van más allá de la argumentación movilizadora del factor estrictamente sentimental, incluso por encima de la racionalidad, la lógica e incluso la legalidad.

En este tiempo de cesiones humillantes al independentismo más beligerante y que al descubrir las debilidades gubernamentales, permiten el desperezo de otros que comienzan a renovar sus ancestrales exigencias de autodeterminación. En este tiempo de discursos cada vez más vacuos, escasamente elaborados, con multiplicidad de mensajes, en demasiadas ocasiones contradictorios entre miembros de la misma formación, de constantes incertidumbres sobre el futuro inmediato… y todo ello protagonizado por personajes negadores de la experiencia, el conocimiento y el saber estar de aquellos a quienes señalan como representantes de una teórica gerontocracia sin caer en la cuenta de su pertenencia a una efebocracia instalada en la mercadotecnia electoral, sustentados por intereses mediáticos y un manejo avanzado de las redes sociales, con lo que si los comparamos, no ya con líderes políticos internacionales de hace cuarenta años sino con los propios del proceso constituyente, y de cualquier espectro ideológico, no habría color. Hagamos una mera referencia: Felipe vs Pedro Sánchez; Suárez vs Rivera; Fraga -nunca fuimos precisamente compatibles- vs Casado; Carrillo vs Iglesias…

En este tiempo, pues, en el que como decía Rajoy: "En campaña, no se pueden cometer errores", sus colegas los cometen todos los días y con temas varios. Iceta, arrincona el discurso de su presidente en la cuestión territorial. Rivera tolera irregularidades en las primarias e Iglesias, remarca en su vuelta el género masculino, en un error ¿interesados? de principiante. Mientras tanto, el oportunismo se aprovecha de una tendencia social decadente para obtener su minuto de gloria exigiendo insultantes peticiones de perdón "ante la evidencia de nuestra falta de conciencia y orgullo de pertenencia española".

Es, por todo ello, que debemos pensar, evaluar y reflexionar el sentido de nuestro próximo voto. Es mucho lo que nos jugamos todos y digan lo que digan, tradicionalmente los pueblos sí que se equivocan y, finalmente, tienen los gobernantes que se merecen.

En este tiempo, pues, nuestra es la última palabra.

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