Paso firme

Ana Vives Casas

anvives@huelvainformacion.es

De tensiones y miedos

Si las tensiones y miedos se reflejaran en una radiografía, pocos se librarían de una mancha alarmante. El bicho ha entrado con tal fuerza en los hogares de casi todo el planeta que nadie puede decir que está a salvo. Es de tales dimensiones que el número de personas con distrés psicológico (el llamado estrés malo) que dejará es superior al de epidemias anteriores. Habrá una avalancha de trastornos del ánimo y de ansiedad en los próximos meses y años en todo el mundo: siete de cada diez ciudadanos tendrá angustia, depresión, problemas de sueño y pérdida de confianza por culpa de la Covid-19, según avanza un estudio que está realizando un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva y la Universidad Loyola Andalucía, con el apoyo de distintas instituciones.

Esta crisis es la peor que hemos vivido y el temor es que el miedo se haga dueño de nuestra vida. Después de dos meses y medio ya no nos preocupan tanto las consecuencias directas del confinamiento (enojo, ansiedad o insomnio), sino el paisaje de lo que se nos viene encima si no activamos la economía y el tejido industrial y laboral. Ese es el peligro.

Las grandes instituciones financieras hacen cálculos sobre cuál podrá ser la incidencia de la crisis, mientras que los ayuntamientos readaptan las cuentas de este año y perfilan su plan de inversiones para adaptarse a las circunstancias.

Pero hay que tener cuidado, que cuando el miedo se desata, nada bueno trae porque nos coarta, nos limita, nos pone a la defensiva... Es muy mal compañero de viaje. Y ahora, después de que la puerta de casa se ha abierto, parece que el temor se ha apoderado de nosotros. Especialmente de los mayores. Claro, que es lógico que sea así con un Gobierno que aún no ha dado una sola imagen de coherencia y que alimenta la revuelta de los cayetanos, ejemplo de un descontento cada vez más generalizado. En Huelva, las caceroladas son tranquilas, pero ojo, que puede cambiar de la noche a la mañana como ha ocurrido en otras ciudades donde las conductas extremas han terminado colándose como alimento para la manipulación.

La crispación puede subir como la espuma. El temor a no tener empleo, a no poder abrir mañana, a no poder consumir o a no saber qué va a pasar puede provocar más nerviosismo. Ya se respira en la calle, especialmente en torno a los sectores que más van sufriendo los efectos del parón. No dejemos que avance. A ver si a partir de mañana, con la fase 2 recién estrenada impedimos que se siga adueñando de nosotros.

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