Un sufrimiento humano "sin par"

"El diálogo es el encuentro amoroso de los hombres que transforman y humanizan el mundo"

En cuanto dio la última chupada al cigarro arrojó la colilla al suelo con total impunidad, hizo con ella una parábola perfecta hasta dejarla en mitad de la acera. Pasó cerca de mi cabeza, como a un metro. No le importaron mis quejas, después lanzó otra, cayó justo al lado de la anterior.

Volvía en coche a casa cuando escuché en la radio una hipérbole poco habitual, "un sufrimiento humano sin par", era lo que le esperaba a la humanidad si no se actuaba inmediatamente ante la Emergencia Climática. Esta vez eran más de mil científicos los que suscribían esa afirmación, pensé que era otro aviso, que debíamos parar y reconducir todo esto, que ya se acabó el tiempo. Pero inmediatamente hablaron en la misma emisora de la campaña electoral, y pasé del enfado al pesimismo: los políticos de medio mundo viven al ritmo de la "democracia de las próximas elecciones", no tienen pausa para lograr altura de miras, y nosotros los ciudadanos seguimos asumiendo las consecuencias de un ritmo de consumo desbocado. ¿Pero qué tendría que ocurrir para que la civilización reaccionara?

Seguí cavilando entre semáforo y semáforo. El cerebro humano reacciona ante lo concreto, lo tangible. Hace poco leí al premio Nobel Daniel Kahneman que sin un componente emocional evidente la gente no se movilizaba. Era evidente que tantos avisos desesperados de la comunidad científica y otros colectivos no habían surtido efecto en la conciencia general, estamos generando dos posiciones extremas entre las que se sitúa la mayoría de la población paralizada, un ecoactivismo declarado y un negacionismo reaccionario. Una de las apelaciones más frecuentes para lograr la ansiada movilización era la de poner a nuestros hijos como gran causa; ellos heredarán un problema formidable que hoy tendría solución, y nosotros, los de esta generación, seremos culpables por adelantado. Pero tampoco sirve, quizás no podemos percibir algo tan impalpable, o quizás hemos sido educados en un egoísmo insensato.

... De repente una lata de refresco sobrevoló por encima de mi parabrisas, cayó sobre el arcén. Adelanté el coche para ver al malhechor y vi a un chico de unos 20 años que ufano, no hizo ningún caso a mi bronca. Volví a lo mío, más cabreado aún. Entonces recordé a Paulo Freire, "el diálogo es el encuentro amoroso de los hombres que transforman y humanizan el mundo", suspiré, aún había solución, había tiempo.

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