Visiones desde el Sur

¡Un siglo, Platero! (I)

Como por ensalmo, escucho en mi interior una voz que dice: Platero, tú nos ves ¿verdad?

Escucho en los cascos del teléfono móvil El mesías de Haendel. He querido traerlo conmigo porque me relaja, porque me transporta a lugares probos e ignotos. He venido al huerto de la Piña y estoy sentado cerca del pino gordo.

Ayer finalizó la primavera; en esta época la floresta pone clavellinas en lo que otrora fueran nudos de las ramas, que se enternecen ahora con la savia nueva generando inimaginables arcoíris y trufando el aire de aromas nuevos.

El sol, que se derrama perpendicular a esta hora de la tarde, ha alejado las sombras al terreno de lo raro, y el aire de la mar atlántica, pone pendulares banderas en los vegetales tallos como si de un sueño tranquilo, placentero y ocioso se tratara. Se diría que alguien las mece al son de la música.

Como por ensalmo, escucho en mi interior una voz que dice: Platero, tú nos ves ¿verdad? A lo lejos, oteo a doña Domitila con su hábito de Padre Jesús Nazareno, morado todo con el cordón amarillo, igual que Reyes el besuguero. Pero… ¿pero qué es todo esto, Platero? Por todos lados se acerca gente como si el pino gordo hubiera congregado en esta tarde a todos los que te quisieron. Vienen Arreburra el aguador y su hija, don José el dulcero, Anilla la Manteca, los Velarde… y hasta don José el cura con sotana, manteo y sombrero acompañado de Baltasar, su casero. Me revuelvo en brusco gesto y por allí aparecen el pobre Villegas con su cuerpo achicharrado por el coñac y el aguardiente, los muchachos traidores, esos felones que ponen negras redes para cazar pájaros en su libre vuelo, las tres viejas gitanas acompañadas de la Macaria y también don Luis el médico.

-Platero, tú nos ves ¿verdad?

Desde Montemayor se acerca una procesión custodiada por la Guardia Civil que encabeza San Roque, el Patrón de los panaderos, al que le siguen San Isidro, el Patrón de los labradores, Santa Juana, San José, Santa Ana y la Inmaculada azul; cierra el cortejo el viejo Modesto con su banda, que asusta a los chamarices y a los gorriones que se van volanderos a la marisma buscando calma y cuyo revuelo, asusta a las ranas que croando saltan a las charcas que levantó la pleamar y que la brisa riza con una danza profana.

Por el camino que conduce al Rocío vienen Anilla, Pepe el Pollo y Pioza, la niña de los globos, el barquillero, Antoñilla con su traje de domingo, Raposo, Picón y Granadilla -la hija del sacristán de San Francisco- que trae arreatada a Diana, la perra blanca.

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