La Fundación Valdocco anda por los treinta años de existencia, años de servicio y de lucha denodada por paliar las situaciones injustas que afectan a los sectores más desfavorecidos de la sociedad onubense. Sus aulas y talleres están físicamente enclavados en el corazón del Torrejón, pero también su espíritu está indisolublemente unido al alma de los barrios que componen el Distrito 5. Millares de jóvenes de Huelva y su provincia han recibido allí una formación profesional que les ha capacitado para afrontar los retos que la vida les plantea. En sus momentos de mayor actividad, previos a la crisis económica que se desencadenó el año 2008, llegó a contar con más de cien personas entregadas con ilusión al cumplimiento de la misión de Valdocco. Ese año cambió todo. Las ayudas públicas cayeron bajo mínimos y la mayor parte de sus trabajadores tuvieron que abandonar una nave en grave riesgo de naufragio.

El Patronato de la Fundación Valdocco está constituido por cinco miembros, dos de los cuales representan a los patronos institucionales: la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Huelva. Incluso para ellos parecía una misión imposible sostener una institución que había acumulado una deuda que alcanzaba una dimensión que superaba ampliamente los recursos para financiarla. Con esas perspectivas, nada alentadoras, y los rumores de que Valdocco se cerraba, el año 2014 entró un nuevo equipo en el Patronato y recibí la propuesta de ocupar su presidencia. Por aquella época, como muchos de nosotros, lo que yo recordaba de Valdocco era la famosa "campaña del ladrillito", que fue decisiva para levantar su sede.

Para todos estaba claro que había dos premisas indispensables para salvar Valdocco. La primera era mantener el alto nivel de dedicación profesional por parte de la docena de personas vocacionalmente entregadas al trabajo con jóvenes, niños y familias, lo que quedó asegurado con la condición de establecer con ellas una línea de transparencia sobre la evolución de los problemas. La segunda era negociar el problema de la deuda histórica con los principales acreedores: Junta de Andalucía y Ministerio de Trabajo. La primera acogió favorablemente las propuestas que se le plantearon, mientras que la Administración Central puso las cosas difíciles obligando a realizar, con sacrificio extraordinario, un plan de ajuste por el que al día de hoy su deuda ha quedado saldada.

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