El Zurriago

No te rompas

"Tú solo corre y no mires atrás. Busca a los tuyos, que siguen donde siempre. Cuéntales qué te pasa. Pídeles ayuda"

No te rompas, aunque todo esté roto. Aunque hoy no tengas ganas o te falte el ánimo o te sientas triste, no te rompas. Aunque creas que estás sola, aunque nadie te escuche. Aunque no te vean cuando pasas por la calle de su mano, mirando al suelo, evitándolos a todos. Callada y seria. No te rompas cuando te amenace con irse, cuando te obligue a quedarte. Si no te deja salir sola, si pone un pero a tu amiga, si ya no tienes amigos porque te despojó de ellos, no te rompas. Aunque a menudo llores a escondidas, tapándote la boca para que no te escuche, y te tragues los gritos y sientas en silencio que te está faltando el aire y que no te reconoces, que te está transformando, que ya no eres tú. Aunque te pregunte con quién hablas ahora y te coja el móvil y vigile tus pasos y te cambie la ropa que te pones, no te rompas. Si no te deja salir sola esta noche ni que mires a ese chico ni que bailes ni hacer lo que te gustaba, no te des por vencida. Si te dice que no puedes, que no sabes, que no sirves, que no hables, que no pienses. Si te anula, no te rompas. Si te aísla, si te obliga o te castiga. Aunque se enfade por todo, aunque te diga que te quiere, no te rompas. Vete, cuando veas las primeras grietas, aunque parezcan imperceptibles, aunque sean milimétricas y tan inofensivas como las de un cristal que termina hecho añicos. No te resignes, si te das cuenta de que te está pasando a ti. De que te manipula, te prohíbe, te obliga, te arrincona. Si ahora comprendes que te ha tocado, que has tenido la mala suerte, no te rompas. Tú solo corre y no mires atrás. Busca a los tuyos, que siguen donde siempre. Cuéntales qué te pasa. Pídeles ayuda.

Porque si te quedas allí, si te rompes, empezará lanzándote gritos mojados de depredadora saliva, furiosos. Luego te agarrará del brazo y después te apretará la piel en un pellizco. Cuando te des cuenta, te habrá empujado al suelo y te habrá dado el primer puñetazo. Acabará destrozándote y, una vez rota, después de todo ese sufrimiento, te matará. Y aunque los buenos, los que mirábamos de reojo y callábamos -prudentes, disimulados- recojamos ahora uno a uno tus pedacitos y los peguemos con Loctite para convertirte en un recuerdo, no dejarás de ser un minuto en el telediario, una página de sucesos, un nombre en una lista, un número en la estadística. La memoria de algo triste, como tantas otras. Solo serás el recuerdo de alguien que ni siquiera fuiste tú, porque para entonces puede que nadie sepa cómo eras -maldito el día- antes de conocerle. Antes de que acabara contigo.

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