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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

La renuncia de Sánchez

Andalucía empieza a ser un territorio ultraperiférico para Ferraz, una región a sacrificar en su nueva geoestrategia

El presidente Sánchez le ha cogido el gusto a reunirse con los independentistas catalanes. Primero fue con ERC, con la excusa de que, más allá de la engorrosa cuestión del procés, a ambos partidos les une un acervo izquierdista que les permite un amplio campo de entendimiento en políticas sociales y económicas. Se podría admitir el argumento si no fuese por la evidencia de que Esquerra no quiere sentarse a hablar con el PSOE de los pensionistas o los menores inmigrantes, sino de cómo y cuándo se van a ampliar los privilegios catalanes. De hecho, los periodistas de la Villa y Corte informan de que el equipo de Sánchez ya tiene preparados los reclamos con los que estimular el celo de ERC: una reforma de la financiación autonómica y un generoso plan de inversiones públicas en Cataluña. Al final, como decían los más viejos del gremio, todo es cuestión de pasta. La pregunta que surge, claro, es qué autonomías pagarán las mejoras catalanas. ¿Quizás Andalucía, que además de tener un Gobierno de derechas sigue siendo el feudo de la principal enemiga orgánica de Sánchez? Convengamos que es un escenario a tener en cuenta. Esto supondría darle al PP y a su autodenominado "Gobierno del Cambio" un arma para, al menos, repetir una legislatura más. ¿Ha renunciado Sánchez a Andalucía? Es más que posible, lo cual supondría un auténtico cambio en la geoestrategia tradicional del PSOE. Un argumento que refuerza esta teoría es que el cónsul del sanchismo en el Sur sigue siendo un político del que muchos dan buenas referencias, pero que no deja de ser un auténtico segundón en la política nacional -incluso autonómica-, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Andalucía, lejos de convertirse en la tierra irredenta del socialismo que hay que reconquistar cuanto antes, empieza a ser un territorio ultraperiférico al que Sánchez está dispuesto a sacrificar para seguir en La Moncloa.

Pero el presidente, como decíamos, le ha cogido el gusto a la charla indepe y también se anuncian conversaciones del PSOE con Junts per Catalunya, aunque en este caso ya no vale la excusa de la casa común de la izquierda. Es decir, que los socialistas hablan con un partido echado al monte y manejado por prófugos y presos, mientras pide el cordón sanitario contra Vox, una formación que, vivir para ver, tiene en Andalucía uno de sus bastiones. Parece claro que los estrategas de Ferraz no miran hacia el sur.

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