Hace ya algunos años, una amiga tuvo un percance con un grupo de aficionados al ciclismo, que invadieron la carretera desde un sendero rural y con poca visibilidad y a punto estuvo de colisionar con el pelotón. Al día siguiente, mi amiga subió a las redes una pregunta retórica: "¿Es que los ciclistas sólo tienen derechos?" y fue respondida con "subnormal", "mujer tenía que ser" y no sé cuántos más 'cariñosos' improperios. Entre los adolescentes, es habitual el pasarse fotos de compañeros sin permiso previo y con comentarios negativos. Por otra parte, Dios te libre si confiesas no conocer en Instagram a 'Martita de Graná'.

Desde que en 1995 apareció ClassMates como primera red social, se han producido muchos y positivos cambios en la comunicación, pero quizás lo más llamativo sea que para gran parte de los más de tres mil millones de usuarios actuales, lo que antes era una injuria hoy sea algo considerado normal, si de redes sociales se trata. Facebook o Whatssap, en cabeza de las más usadas, constituyen un potente instrumento para conseguir o difundir información, con aportaciones necesarias e ineludibles en la sociedad actual. Innecesario recordar cómo se están organizando, por las razones conocidas por todos, las clases universitarias o los cursos de formación para docentes, organizados por los Servicios de Formación del Profesorado. Por todo ello, es tan urgente como necesario cuidar y vigilar el desarrollo de esa intercomunicación, evitando esa violencia verbal y visual que, lamentablemente, se está haciendo habitual, e impidiendo que haya usuarios que actúen con la ilusoria impunidad que otorga el anonimato. A algunos, habría que recordarles que el Código Penal incluye el delito por amenazas.

La última red social que yo conozco, Tik Tok, (a saber si no hay dos o tres posteriores) apunta a que sus usuarios son principalmente adolescentes, muchos de ellos utilizando por primera vez un móvil propio. Si es verdad, y lo es, que los niños aprenden lo que viven, habría que pensar algo que frene esa escalada de falta de respeto en la comunicación virtual (¿Será necesario formar previamente a los youtubers o instagramers?). Si comunicarse incluye el insultar o menospreciar a alguien, me quedo con los que inundan su perfil de fotos de sí mismo de todas las posturas posibles. Prefiero una página atiborrada de imágenes de perritos (¡qué bonitos!), de paisajes nevados (como si viviésemos en Siberia) o de elaborados platos de cocina (como si fueran originales).

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