Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Otra rebelión

Comparado con Torra, con los CDR y con las fuerzas rápidas, Vox, Abascal y su caballo son embajadores de la paz

Pedro Sánchez estaba legitimado para intentar el apaciguamiento de Cataluña, pero pasados los meses debe taponar esta sangría que amenaza a la Constitución, a su partido y al crecimiento de Vox. Seguir esperando a Oriol Junqueras como un mirlo blanco es una equivocación, ya le ocurrió a Soraya Sáenz de Santamaría y al propio Puigdemont. Sí, fue el líder de ERC y su cipayo Rufián quienes impidieron que el president convocase elecciones en octubre de 2019 para evitar la intervención del 155.

Hoy no hay mayor promotor del ultranacionalismo español que Quim Torra, sus fuerzas de choque en la calle y las veleidades de Pedro Sánchez con los independentistas. Comparado con los Comités de Defensa de la República, con los recién creados grupos de acción rápida -que son la élite violenta en las calles- y con los acosadores de los líderes naranjas en Cataluña, Vox, Santiago Abascal, su caballo y Morante son embajadores de la paz.

La irrupción de Vox inaugura un nuevo escenario electoral donde los actores de la derecha y de la izquierda estarán más definidos. Con la tensión entre los dos polos, el PSOE podrá articular a su alrededor a todo el votante progresista y de izquierdas, afanado en detener al nacionalismo español más puro y desencantado con Podemos, formación inútil, dirigida por personajes histriónicos que, en el mejor de los casos, será lo que en su día fue Izquierda Unida.

Hay una buena oportunidad para el PSOE, quizás no suficiente para gobernar, pero sí para quedarse como el referente de la socialdemocracia y conjurar el destino de sus compañeros franceses. Pero si Pedro Sánchez no detiene la sangría del ayunante Torra, su partido puede sufrir un abandono mayor que el encajado por el PSOE andaluz, ridículo frente a la gran coalición de las derechas.

Pero lo importante no es la supervivencia del PSOE -allá ellos-, sino la estabilidad del país. Ya ha habido motivos para aplicar el artículo 155, al menos, para quitarle la competencia sobre los Mossos a la Generalitat, aunque esto se puede conseguir también mediante la aplicación de la Ley de Seguridad Nacional. Debe hacerse, porque hay una rebelión en marcha, un intento de desatar una jornada de protestas que lleven el caos a Barcelona el próximo 21 de diciembre, que sea tal el impacto que el Gobierno se avenga a negociar. Esa fue la misma estrategia de octubre y noviembre de 2017, doblegar al Estado. Algo deberíamos haber aprendido.

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