Las dos orillas

Los políticos guapitos

Un presidente guapito puede durar dos legislaturas, o incluso más, mientras que uno feo durará pocos telediarios

Las ciencias políticas adelantan una barbaridad. Sin embargo, no en todos los casos adelantan igual. Algunos se han quedado varados en Maquiavelo, otros en Hobbes, estos en Montesquieu, esos en Karl Marx, aquellos en Gramsci, y los indignados en Pablo Iglesias el malo y las campañas esotéricas de Irene Montero. Pero, en la Transición española, se crearon nuevas formas de gestión que los Adanes y Evas posteriores han silenciado. Por ejemplo: el político guapito. Ser guapito de cara es un plus para el político. En España, un presidente guapito puede durar dos legislaturas, o incluso más, mientras que uno feo durará pocos telediarios. Con raras excepciones.

Ya no estamos en los tiempos de Franco, que era feo y montó una dictadura a su medida. La Transición empezó con el rey Juan Carlos, sobre cuyas conquistas no me extenderé, y tuvo como ejecutor a Adolfo Suárez. El líder de UCD fue el prototipo del político guapo. Encandilaba a las señoras. Cuando cayó en desgracia, lo sustituyeron por Leopoldo Calvo Sotelo, del que se decía que era inteligente y honrado. Sí, pero era feo, y duró poco, lo que se tarda en escribir un epitafio. Todo estaba consumado para que llegara Felipe González, otro ejemplo de político guapito. Vistió con chaquetas de pana al PSOE y le dio la vuelta de la tortilla a la izquierda. Felipe dejó en la insignificancia al PCE de Santiago Carrillo, líder feo del que había sido el gran partido de la izquierda. Los comunistas reaccionaron tarde y mal: con Gerardo Iglesias, un tipo con aspecto de actor de telenovela rusa, que no llegó a nada.

¿Era guapo Aznar? Algunas señoras del PP creen que sí, o que al menos era resultón, con bigote y sin bigote. José María presumía de abdominales en las playas de Castellón. No llegó a posar desnudo, aunque faltó poco. Y llegó después José Luis Rodríguez Zapatero, alias Bambi, que derrotó a Mariano Rajoy.

Sólo cuando Zapatero había arruinado a España se le dio la oportunidad al gallego Mariano para enderezar el entuerto. Hasta que llegó otro del PSOE, Pedro Sánchez, que también es guapito y también la está arruinando. Abriendo así la revancha para que llegue otro gallego. Sólo en Galicia, desde Fraga, no se han fijado en el guapetón. Los gallegos son raros, pero listos, y no se sabe si en las escaleras suben o bajan, según se dice. En las encuestas, suben.

En Andalucía ganaba el PSOE con guapos, con feos y hasta con Susana. En 2018, el PP formó un gobierno con Ciudadanos, y después la gente se orientó: Juanma era el guapo y Marín el feo. Y ya ven…

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