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Cambio de sentido

De pelo en pecho

Una imagen que te deje sin palabras vale más que todas las imágenes y todas las palabras

Celebro que, en el país vecino, el menos malo de los sistemas aún conceda la victoria al menos malo de los candidatos. Desde hace tiempo corren extraños vientos en la política que advierten de una impeorable deriva en el poder y en los corazones, y al menos en Francia por ahora han puesto dique a la extrema derecha. Pero el alivio no me ciega: de un tiempo a esta parte, Macron nos ha hecho pasar vergüencita ajena prestándose varias veces al que parece ser el último grito en videopolítica, consistente en retratar a los líderes en posturas que causan un auténtico shock. Al director de campaña de Macron le habrá debido de pasar la receta Miguel Ángel Rodríguez, pues la lideresa que pone cara, voz y cuerpo a sus ideas y estrategias, Isabel Díaz Ayuso, protagonizó en lo peor de la pandemia las fotos más impúdicas vistas hasta el momento: ella misma en pose de virgen dolorosa. Eso no se lo salta ni Rivera en bolas para la foto de su programa electoral. Por aquí ya hemos visto de todo, principalmente en campaña: candidatas perrear hasta el suelo, pucheritos en los lavabos, presidente con gafas de fardar, lo de la Khaleesi andaluza, la chirigota carcunda de los peaky blinders…

El presidente de la V República Francesa, en plena campaña para seguir siéndolo, se deja retratar despecheretado y revoleado en su sofá de escay. Lleno es de gozo. Previamente, se ha sacado de los bolsillos y soltado en el sofá el móvil, la cartera y algo que parece un calcetín hecho un liote. La instantánea tiene poco de instantánea, y epata mucho, muchísimo, diría incluso que noquea. Es verla y desplegarse en mi mente una pancarta inmensa que lo tapa todo, donde está escrito a grandes letras: "Pero… ¿por qué?". Más que para politólogos, se presta a que la desentrañen psicoanalistas fajados: donde hay pelo hay alegría y un inconsciente como un piano de cola puesto en marcha. Seguidamente, la maquinaria de memes, retuits y contertulios boquipláticos todo lo inunda. Los estrategas de campaña saben que, si una imagen vale más que mil palabras, una imagen que te deje sin palabras vale más que todas las imágenes y todas las palabras. Que de ello se nutran cantantes penetradas por mil pares de prótesis o los personajes infelices que gritan por la tele en primetime, bastante pena es. Lo impresionante es que también esta sea la artimaña de quienes se hacen llamar "hombres y mujeres de Estado". Si el menos malo nos persuade con pelazo, y no con razones, mal vamos.

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