Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Mi peaje

Ahí seguimos, con la amenaza de que uno de los primeros militantes de la AP de Fraga vuelva a prorrogar el peaje

Para los liberales anglosajones sólo hay dos cosas ciertas en esta vida, la muerte y los impuestos, a lo que nosotros debemos añadir: y el peaje. En enero de 1969, un estudiante de la izquierda clandestina fue detenido en Madrid mientras repartía panfletos de Comisiones Obreras. Después de interrogarlo en las mazmorras de la Puerta del Sol, los agentes de la Brigada Político-Social se lo llevaron de ruta por la capital, por ver si encontraban algo más en algún piso y por esa extraña alteración que la Policía franquista causaba sobre los campos gravitatorios, Enrique Ruano se cayó desde la séptima planta de uno de los edificios registrados. No se tiró ni le empujaron, cayó, así de simple. Tal era el efecto de los tipos de la gabardina sobre las leyes de Newton, aunque al chaval le faltaba un trozo de clavícula donde llevaba alojada la bala, trasera, que le dio el impulso.

Esa misma semana, Manuel Fraga llamó a los padres de la víctima para conminarles a que dejaran de hacer ruido y, a modo de fraternal advertencia, les aconsejó que se ocuparan de la hermana, porque también estaba en política. Fraga envió al Abc unas supuestas notas manuscritas de Ruano de las que se podía derivar tendencias suicidas, ¡y homosexuales!, y que el periódico se prestó a publicar. Una coartada en diferido, que se diría ahora.

La semana de 1969 del ministro de Información y Turismo no acabó con esta actuación estelar, el Consejo de Ministros del viernes declaró el estado de excepción en toda España. Había jaleo en las universidades de Madrid y de Barcelona, donde se llegó a quemar un retrato de Franco. El Consejo suspendía algunos artículos del Fuero de los Españoles, entre éstos el del derecho a moverse libremente por las provincias que no fueran de residencia.

Ese mismo Consejo de Ministros, del que Fraga informó a paso ligero, casi militar, aprobó el decreto por el que se autorizaba la construcción y explotación de la autopista de peaje de Sevilla a Cádiz por un periodo de 25 años. Felipe González prorrogó el peaje y José María Aznar, también: hasta finales de 2019. La carretera comenzó a funcionar por completo en 1973, pero ahí seguimos, con la amenaza de que en 2019 uno de los primeros militantes de la Alianza Popular de Fraga vuelva a prorrogar el peaje bajo una maniobra de confusión del tipo cómo se gestiona el pospeaje. Tamaña liberación debe necesitar de un psicoanalista argentino.

Pues eso: la muerte, los impuestos y el peaje.

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