Antonio Carrasco

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Poco nos pasa

De periodismo y derecho sabe casi tanta gente como de fútbol en este país (vulcanólogos y epidemiólogos a parte)

Trabajar en un medio de comunicación da en ocasiones la oportunidad de ser testigo en primera persona de acontecimientos y hechos que todos recordamos. Es lo que nos gusta reconocer entre nosotros como el sobresueldo del ego, ser preferentes espectadores ya que no nos dejan ser parte por mucho que lo neguemos. Pero no nos olvidemos que igual que disfrutamos de esos momentos, nos vemos en otros muchos con la visión sobrecogedora de una sociedad a la que tenemos que informar y sobre la que tenemos que informar (esto último supera la ficción muchas más veces de la que usted podría imaginar). En más circunstancias de las que se imagina hay poco o ningún glamour en lo que se cuenta y sí preocupantes episodios sociológicos.

Alrededor de las noticias en ocasiones suceden cosas que escapan al lector, que no siempre está al tanto del ruido que las acompaña pero que a nosotros por eso mismo nos exponen a la dura realidad de una sociedad. Dan ganas de salir corriendo a otro planeta. Recibir quejas o protestas cuando sale algo que no gusta es tan común como las alabanzas en sentido contrario. Incluso de las mismas personas. El teléfono de la redacción es un no parar a diario. Hay quien considera que alarmamos, quienes nos acusan de tibios, sensacionalistas, complacientes... La lista de calificativos es amplia. De periodismo y derecho sabe casi tanta gente como de fútbol en este país (epidemiológos y vulcanólogos aparte, por supuesto).

El caso es que cuando uno cree después de más de 20 años de carrera profesional que su capacidad de sorpresa se acerca al tope siempre surge un extra inesperado. La cuestión es que recientemente un operativo policial intervino en diferentes inmuebles. Como es costumbre en estos casos, la Policía Nacional (cuerpo en cuestión que realizó el asalto) emitió una nota que ilustró como un vídeo propio. Las imágenes llevaban la marca de la Policía Nacional, estaban debidamente visadas por los responsables policiales y pixelados los rostros o rasgos sensibles por la seguridad de los agentes.

La sorpresa llega cuando aparece una reclamación (en tono siempre imperativo) de una persona que dice reconocer en ese vídeo (el de la operación contra el narcotráfico) su domicilio y exige su eliminación... En una grabación facilitada por la propia policía de su intervención. Poco nos pasa.

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