Javier Ronchel

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La odisea de viajar en tren a Madrid

Los pasajeros que el viernes madrugaron para tomar el tren Alvia hacia Madrid se llevaron una sorpresa en la estación de Huelva al encontrarse tres autobuses que les esperaban para hacer el traslado hasta Sevilla. Según les informaron entonces, pocos minutos antes de la salida prevista, una avería en la red impedía la partida del convoy y obligaba a recurrir a la alternativa de la carretera para cubrir ese trayecto, tan corto como tortuoso, hasta la vecina capital hispalense.

La indignación de los viajeros fue patente al momento. Una vez más. Porque no es la primera que Renfe se alía con una empresa de autocares para hacer alguna de las etapas de la línea entre Huelva y Madrid, en uno y en otro sentido. Sólo el retraso en la llegada a Sevilla, media hora más tarde de lo previsto, según contaban los propios afectados, llevó a la compañía a ofrecer el reembolso de sus billetes. Otra cosa son las consecuencias que para algunos tuvo acabar en Madrid a una hora diferente a la esperada.

Cuando en una conversación surgen los viajes a Madrid y la necesidad de desplazarse por algún motivo de trabajo, seguro que alguien les ha dicho que prefiere ir en coche hasta Sevilla y tomar en Santa Justa un AVE, convencido de que no sufrirá contratiempos en ese caso ni tendrá que llegar a Córdoba o al mismo destino en transporte colectivo por carretera. Probablemente también conocerán a quien prefiere asumir el coste de marcharse la tarde anterior y hospedarse en la capital para salvaguardarse de cualquier incidencia ferroviaria que arruine el único motivo de su desplazamiento.

Son los propios viajeros los que acaban buscando soluciones a una triste realidad, rechazada por la afrenta que supone a su propia condición de usuarios de un servicio de transporte público pero asumida por lo recurrente en un trayecto que cuando funciona con normalidad también soporta el peso de coches obsoletos, con claras deficiencias en prestaciones y comodidad, y con tarifas al menos iguales a otros itinerarios.

Pero la odisea de viajar en tren a la capital del país afecta más que a los habituales y ocasionales pasajeros con salida o destino Huelva. La propia población onubense debe reconocer que difícilmente llegarán visitantes a disfrutar de nuestra provincia si tienen que pasar por un rosario de incidencias que les llevarán a discriminar sus próximos destinos por la existencia de AVE. El perjuicio es para todos aquí, y todos tendríamos que actuar, sin esperar más una acción política que acumula demasiados intentos fallidos. Aunque para lograr cualquier avance, no sólo ferroviario, todos los sectores debemos unirnos. Motivos, vemos, no faltan.

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